
Pérdidas millonarias en una campaña de cereales pésima
El 90% de las explotaciones han tenido que segarse para heno, a pesar de estar destinadas a grano
La segunda peor campaña de cereales de la década. Así de contundentes se han mostrado desde el sector, donde ya cifran las pérdidas en 2.400 millones de euros tan solo en Andalucía.
«A día de hoy, aproximadamente el 90% de las parcelas que se sembraron de cereales de invierno, sobre todo trigo y triticale, están en estado crítico por las elevadas temperaturas, que han provocado que las siembras hayan tenido un desarrollo muy acelerado», detalla Inmaculada García Villa, técnico de herbáceos de Asaja Sevilla.
Y es que, desde hace varias semanas, el desarrollo del cultivo se encontraba en situación de ‘espigado’ y, en la mayoría de los casos, ni siquiera ha llegado al alcanzar el estado de ‘grano lechoso pastoso’ debido a la falta de humedad en el terreno. Esto ha provocado, lamenta la marchitez del cultivo de manera «irreversible».

Para heno
Ante esta situación, a la mayoría de los agricultores, prácticamente el 90%, no les ha quedado más remedio que segar y destinar el cereal para heno, a pesar de que se trataba de explotaciones destinadas a grano. «Ha sido la única manera de darle salida», concreta Inmaculada García, que esboza cómo quedan los rendimientos: sobre 1000 kg/ha para el trigo blando y apenas 800 kg/ha para el duro.
Dado el corto rendimiento, aseguran desde el servicio de información agraria de la Consejería, ni siquiera merece la pena meter la cosechadora en algunas parcelas, y solo lo han hecho las que han podido tener algún riego.
En el caso de las pocas parcelas que aún no han empezado a segar, según apuntan desde Asaja Sevilla, tienen un motivo muy alejado de la productividad: son aquellas explotaciones que están aseguradas y están esperando la peritacion correspondiente.
«Exigimos al Ministerio de Agricultura que ponga todos los medios a su alcance para que se agilicen las peritaciones del seguro, que son muy lentas», denuncia la técnico de la patronal agraria, que concreta que «apenas han arrancado hace unos días» cuando el problema viene arrastrándose desde hace semanas. «Ante la gravedad de la situación, la única salida que queda es que los agricultores cobren lo que les corresponde lo más ágilmente posible», insiste.

Costes muy altos
Y es que la campaña ha sido una de las más complicadas que se recuerdan. A la brutal sequía, ya que no ha habido ni siquiera lluvias de primavera que revitalizasen el cultivo de cereales, hay que añadir la subida de los costes productivos.
Si en 2022 ya subieron exponencialmente, desde fertilizantes hasta combustible, en 2023 han seguido al alza, subiendo hasta un 8%, según estimaciones de Asaja Sevilla. En concreto, los gastos directos e indirectos de cultivar una hectárea han alcanzado los 850 euros, lo que supone un incremento de más de 150 euros respecto a las campañas de hace dos o tres años.
«Con los rendimientos tan bajos es imposible pagar esos costes, por lo que queremos que, los agricultores que puedan, accedan al seguro lo antes posible», insiste Inmaculada García.
El balance de pérdidas, por su parte, es abrumador: se calcula que la cosecha será entre un 80-70% menor que el año pasado, y que las pérdidas serán millonarias. Por ello, desde la organización agraria consideran «irrisorias« las ayudas contra la sequía anunciadas por el Gobierno la pasada semana. «En el caso de la agricultura, ni siquiera sabemos cuánto se va a cobrar, porque no está especificado», lamentan.
El paquete de ayudas es, insisten, insuficiente contra la grave situación que está viviendo el campo andaluz, y en especial los cultivos extensivos.

Cifras de superficie
En cuanto a la superficie, en Sevilla, provincia con la mayor superficie de cereales de invierno en la comunidad autónoma (un 44% del total de trigo y un 20% del triticale), ha mantenido estables sus siembras respecto a la campaña pasada, cuando el trigo duro superó las 196.000 hectáreas y el trigo blando rozó las 60.000.
Sí que se ha notado cierto descenso (aproximadamente un 6%, situándose en 129.000 hectáreas) en oleaginosas, según los datos de Asaja Sevilla, lo que se explica por diversas razones. Entre ellas, destaca que, a pesar de que la Comisión Europea prorrogó la normativa que permite sembrar los barbechos, la mayoría de agricultores ya lo hicieron el pasado año con girasol, por lo que este año han optado por un cereal dentro de la rotación.
Además, la bajada del girasol ha sido paralelo al crecimiento de las leguminosas, cuya superficie ha subido, aproximadamente, un 10%, empujadas sobre todo por el eco régimen de la nueva PAC de ‘Práctica de rotación de cultivos con especies mejorantes’, al que se han acogido prácticamente todos los agricultores andaluces de cultivos extensivos y que establece un porcentaje de superficie de leguminosas a sembrar para ponder cobrarlo.
Por otra parte, Inmaculada García resalta que la tendencia de los cultivos extensivos será, previsiblemente, bajar en superficie en los próximos años. «Mucho cultivo extensivo se está sustituyendo por cultivos leñosos, más rentables normalmente, a lo que hay que sumar que cada vez son más los terrenos agrícolas a lo largo de la región que se destinan a instalar placas solares y, por ende, a dejar de cultivar cereal».
Las cotizaciones
En cuanto a las cotizaciones, las lonjas no están fijando precios ahora mismo. En concreto, la Lonja de Cereales de Sevilla se muestra sin operaciones, algo que, esperan desde el sector, cambien en las próximas semanas para poder manejar alguna indicación, a pesar de que el volumen de operaciones comerciales sea bajo.
No obstante, desde Asaja Sevilla se muestran sorprendidos de que, habiendo aún stock tanto de trigo duro como blando de la campaña pasada «de excelente calidad», esté entrando cereal por el Puerto de Sevilla, sobre todo forrajero para alimentación animal.
«No entendemos qué está pasando, si hay cereal aquí de muy buena calidad, porque aún tenemos reservas, ¿por qué no la comercialización no lo prioriza para darle salida?», se lamenta la técnico de Asaja Sevilla.
A esto se suma la prórroga del acuerdo entre Turquía y Rusia para seguir exportando cereales del país en guerra a través del Mar Negro, algo que, casi con toda seguridad, tensará las cotizaciones a nivel mundial y hará que las cotizaciones aquí sigan siendo bajistas cuando comiencen. La previsión es, por tanto, que las cotizaciones vuelvan a los niveles anteriores a la guerra de Ucrania, situándose alrededor de los 370 euros en el trigo duro y 300 en el blando.
A nivel mundial, el Consejo Internacional de Cereales (CIC) anunció hace escasos días que se elevaba en 3 millones de toneladas su previsión de cosecha de cereales para 2023/24. En concreto, prevé 2.294 millones de toneladas a nivel mundial, un pico histórico en el que la bajada del trigo y la cebada se compensan por mejores pronósticos para el maíz. La producción estimada por el CIC para el trigo se cifra en 783 millones de toneladas y la del maíz en 1.217 millones de toneladas.