La ausencia de demanda de girasol alto oleico hace temer por los precios
El diferencial con el girasol linoleico alcanzó el año pasado hasta 145 euros la tonelada, por lo que las siembras de alto oleico se han disparado en esta campaña, copando el 60% de la superficie provincial
Avanza a buen ritmo la siega de girasol en la provincia, con aproximadamente un 15% de la cosecha ya recolectada. Sevilla, con 104.000 hectáreas, cultiva la mitad de la cosecha de pipa andaluza, que esta campaña engloba un total de 209.000 hectáreas, con un incremento de superficie respecto al año pasado.
Así, el cultivo, tras varias campañas consecutivas perdiendo hectáreas en el campo andaluz, parece que tiende a estabilizarse en cuanto a la superficie. Estamos, además, «ante un año bueno en cuanto a rendimientos en el campo, con medias entorno a los 1.500 kilos por hectárea en la provincia, una productividad extrapolable a la región andaluza», señala el técnico de Cultivos Herbáceos de Asaja Sevilla, José Vázquez.
Por tanto, se prevé una cosecha entorno a las 156.000 toneladas de pipa en la provincia, de 313.000 toneladas en Andalucía y de 950.000 toneladas en España (frente a las 800.000 del año anterior), por lo que se puede calificar como una producción «alta». No obstante, «las necesidades de girasol a nivel nacional se sitúan entorno a 1.400.000 toneladas, por lo que aún sería necesario importar alrededor de 500.000 toneladas de otros países productores», subraya el técnico.
Auge del alto oleico
Por variedades, el girasol linoleico (es decir, el convencional) está perdiendo protagonismo en favor del alto oleico, cuyas ventas de semilla están creciendo significativamente en la provincia. Así, si hace un par de años las siembras de girasol alto oleico apenas acaparaban el 20% de la superficie, «en esta campaña nos situamos ya en un 60%», apunta Vázquez.
La razón de este incremento está en la mayor disponibilidad de semilla, en la mejora productiva de las nuevas variedades y, sobre todo, en el diferencial de precio que alcanzó el girasol alto oleico respecto al linoleico en la campaña anterior, que llegó a cotizar hasta 145 euros por tonelada más en julio de 2019, debido a la demanda de este tipo de aceite con alto contenido en ácido oleico por la industria alimentaria.
Esa horquilla (320 euros/tonelada el girasol convencional frente a 465 euros/tonelada del alto oleico) es la que ha llevado a muchos agricultores a decantarse por el alto oleico en esta campaña. Sin embargo, empieza a cundir cierta preocupación en cuanto a los precios, ya que actualmente «no hay demanda».
La razón es que «se ha sembrado mucho girasol alto oleico y, además, la irrupción del Covid-19, con el cierre del canal Horeca y la limitación del turismo, ha disminuido mucho su consumo por parte de la industria, por lo que se prevé un exceso de oferta en el mercado». Por ello, pese a que las lonjas aún no han fijado precios, «se habla de que el valor de las pipas de girasol alto oleico y del girasol linoleico será muy similar, con un diferencial de apenas 12-14 euros», lamenta José Vázquez, algo que «no estaría justificado a tenor de lo precios del aceite de girasol crudo ni de los precios de la harina», apostilla el técnico de la patronal agraria.
Principales productos
A este respecto, Vázquez recuerda que el destino mayoritario del cultivo que se está recolectando actualmente en el campo es la elaboración de aceite de girasol, aunque también se aprovecha como subproducto tras la molturación una harina integral que sirve a los ganaderos para la alimentación de los animales.
Así, explica que el precio del girasol linoleico crudo es de 720 euros/tonelada y el de alto oleico crudo es de 850 euros/tonelada. Por su parte, la harina cotiza a 180 euros/tonelada. «Si hacemos las cuentas, quitando costes de molturación, transporte y demás, el mercado debería romper con precios teóricamente alrededor de los 354 euros/tonelada para la pipa convencional y de 411 euros/tonelada para la pipa de alto oleico, lo que supone un diferencial de 57 euros/tonelada».
Se trata de una cifra «muy inferior a los 145 euros que alcanzó como pico la campaña pasada pero muy superior a los poco más de 10 euros que de manera oficiosa -que no oficial- se estima para esta campaña». Por ello, Asaja Sevilla recomienda a los agricultores que no vendan su cosecha todavía, y que esperen a que «rompa» el mercado «en los próximos días».
En cualquier caso, y más allá de los precios que se conocerán a lo largo de la semana, el gran rendimiento obtenido en el campo es buena una señal, pues «el estudio de costes del girasol establece que con una producción de 1.350 kilos por hectáreas se cubren costes. Como la media esperada es de 1.500 kilos, en principio todo apunta a que los agricultores obtendrán algo de beneficio», indica José Vázquez.
A este respecto, apunta otras señales positivas de la campaña, como que la demanda de biodiésel continúa pujante, «lo que quita competencia de otros aceites vegetales». Además, la sustitución del aceite de palma por el aceite de girasol alto oleico es una tendencia «creciente», ante el rechazo de los consumidores de alimentos con aceite de palma y porque el girasol alto oleico usado como ingrediente permite que los alimentos tengan más estabilidad en el tiempo. No obstante, resulta llamativo que España importe cerca de dos millones de toneladas de aceite de palma, casi lo mismo que produce de aceite de oliva.
En el caso del aceite de girasol, España produjo en 2019 un total de 475.000 toneladas, pero importó mucho más. En total, entraron en el territorio nacional 600.000 toneladas de aceite de girasol, el 70% (420.000 toneladas) provenientes de Ucrania y el resto de países de la Unión Europea (Rumanía, Bulgaria y Francia). Por otro lado, se exportaron un total de 230.000 toneladas de aceite de girasol, el 60% (140.000 toneladas) con destino a Francia y Portugal.