¿Qué sembrar sin agua y con los costes agrícolas por las nubes?
El trigo duro, las hortícolas y el maíz podrían ser los cultivos más castigados por la coyuntura actual de escasez hídrica y subida de precios en los inputs agrarios
En el campo se dice que no hay dos campañas iguales, pero la que se avecina podría ser catalogada como una de las más difíciles que ha vivido el sector en muchos años. La particular situación que atraviesa el sector primario, marcada por la falta de agua y por el incremento de los costes productivos, está llevando a muchas explotaciones agrarias y ganaderas al límite. Una crisis que afronta el sector con una profunda preocupación por un futuro incierto, en el que está en juego la producción de alimentos y uno de los motores de la economía andaluza como es la agroindustria.
Esta incertidumbre está empañando la incipiente campaña de siembras de los cereales de invierno, en la que «son muchos los agricultores que, calculadora en mano, no saben qué hacer ni por qué cultivo van a apostar para salvar sus cuentas de resultados», señala el técnico de cultivos herbáceos de Asaja Sevilla, Fernando Rodríguez. Y es que llevar a término un cultivo va a resultar este nuevo año agrícola mucho más caro y dificultoso, por las múltiples variables que se cuelan en la ecuación.
Por un lado, los productores se enfrentan a una campaña de riego que se presupone corta, a tenor del nivel de los pantanos. Octubre ha sido un mes cálido y muy seco, pues las últimas lluvias en la provincia, apenas unos 30 litros por metro cuadrado de media, han resultado del todo insuficiente para atender las necesidades de los cultivos.
Lamentablemente, las previsiones para este mes de noviembre tampoco son muy halagüeñas, y con los embalses al 26% de su capacidad hídrica, la Confederación Hidrográfica del Guadalquivir ha solicitado la declaración de situación excepcional de sequía extraordinaria en el 80% de la cuenca del Guadalquivir.
«Esta falta de agua puede determinar las siembras a favor de aquellos cultivos cuyas necesidades hídricas sean menores», por lo que, a priori, «producciones hortícolas como ajos y cebollas, la patata o el maíz, que precisa entorno a 7.000 metros cúbicos por hectárea, resultan con este escenario imposible, pudiendo sufrir una importante bajada de superficie», señala el técnico de la patronal agraria.
Costes al alza
A esta escasez hídrica se suma la fuerte subida de costes que están registrando ciertos insumos agrarios, destacando los fertilizantes, con una subida del 300% respecto a la campaña anterior. Este incremento se debe «tanto al cierre de fábricas o a la disminución de las producciones de fertilizantes en las mismas, consecuencia de unos altos costes del gas natural, la materia prima indispensable para su fabricación».
Suben todos los elementos: fósforo, potasio, … pero la mayor subida la registra el nitrógeno, consecuencia de la crisis energética mundial. Así, el Fosfato Di amónico (DAP), un abono que se echa antes de las siembras, oscila sobre los 750 euros la tonelada, frente a los 295 euros/tonelada de la campaña anterior. Igualmente, la urea, que se utiliza en las coberteras, cuando el cultivo está en estado vegetativo, pero que se suele comprar a principios de la campaña, a día de hoy supera los 800 euros la tonelada, cuando hace un año cotizaba sobre los 350 euros.
En lo que se refiere a los fitosanitarios cabe destacar la subida del glifosato (Roundup), que ha registrado un encarecimiento del 48%, pasando su coste de los 3,30 euros/litro en octubre de 2020 a 4,90 euros en octubre de 2021.
Precios para los que, a corto plazo, no se espera un cambio de tendencia.
Las semillas de cereal también registran precios al alza (entorno a 0,65-0,70 euros por kilo en el trigo duro), consecuencia del incremento del precio del cereal y suministros (sacos, bigbags, palets,…). El gasóleo agrícola también se encarece en el último año y lo ha hace en casi un 73%, según los datos de Asaja Sevilla. En lo que se refiere a la energía eléctrica el alza es del 270%; un 46% se han encarecido los plásticos, un 33% el agua y entre un 10-25% lo ha hecho la maquinaria.
Con este trasfondo de constantes subidas en los costes de producción -y con los precios en origen congelados desde hace 20 años- los agricultores buscan seguridad, ya que «aunque ahora hay cereales como el trigo duro registrando una muy alta cotización, no sabemos si esos precios se mantendrán una vez que entren las cosechadoras en las parcelas», apunta Fernando Rodríguez.
El calendario óptimo de siembras de invierno se prolonga entre el 10 de noviembre y el 20 de diciembre. Por lo pronto, son minoría los agricultores que ya están sembrando. «El arranque generalizado se producirá a partir de esta semana, por lo que las decisiones tampoco se pueden demorar demasiado», subraya el técnico de la patronal agraria.
Primeras previsiones
Ante esta tesitura, «es muy probable, que el agricultor, con objeto de disminuir costes, opte por cultivos con escasas necesidades hídricas, que sean muy rústicos y que además tengan tolerancia a plagas y enfermedades, para no tener que invertir en tratamientos», manifiesta el responsable sectorial.
En esta categoría encajarían cultivos como el triticale, «que ha ido fidelizando al agricultor campaña tras campaña, y que podría sufrir un aumento considerable, pues se está dando muy bien». De hecho, en Andalucía ya hubo unas 61.700 hectáreas en 2020, alrededor de 25.000 en la provincia de Sevilla. Igualmente, «podría crecer la extensión de trigo blando, cuyos costes son inferiores a los del duro; así como la cebada o el girasol».
Además, otros cultivos como la remolacha, la quinoa o el cártamo, que se siembran previo contrato y con precios fijados al inicio de la campaña, «son buenas opciones para el agricultor, ya que le aportan la seguridad de saber por adelantado cuánto va a cobrar por su cosecha». O incluso «pueden predominar los barbechos en detrimento de superficies de cultivo con mayores costes».
Sería el caso del trigo duro, cuyos costes a día de hoy oscilan sobre los 820 euros por hectárea; o el maíz, «impensable tanto por sus elevados costes como por las necesidades de riego», reitera Fernando Rodríguez, que apunta a ambos granos como «los que podrían perder más superficie en esta campaña de siembras».