Alerta en la citricultura: Portugal detecta Xylella en cítricos, la primera vez en la Unión Europea
La infección se ha dado por la subespecie 'fastidiosa fastidiosa', muy rara para este tipo de cultivo y muy temida en el sector agrario
El pasado mes de diciembre, Portugal actualizó la zona demarcada para la Xylella fastidiosa en el área metropolitana de Oporto. Y, por primera vez en Europa, no solo se confirmó la presencia de esta bacteria en cítricos, sino que se apuntó a que la infección se había dado con una subespecie (la X. fastidiosa fastidiosa) muy raramente descrita para este cultivo.
A esta enfermedad, cuya lucha es catalogada como «prioritaria» por la normativa de la UE, hay que añadir otra amenaza igualmente situada en el ‘top 20’ de los patógenos foráneos con mayor impacto económico, social y medioambiental: la consolidación del foco de ‘Mosca oriental de la fruta’ (Bactrocera dorsalis) detectado este pasado verano en el sur de Italia, que también afecta a cítricos.
Dada la gravedad de la situación generada por estas y otras amenazas de primer orden para el sector (como la presencia de los dos vectores del HLB en Portugal (Trioza erytreae) y en Israel), el Comité de Gestión de Cítricos (CGC) habla abiertamente de que el sector citrícola español vive en «un estado de alerta fitosanitaria permanente».
Subespecie que ha infectado
Los resultados del laboratorio luso apuntan a que los cítricos afectados por la Xylella fastidiosa podrían haber sido infectados por la subespecie fastidiosa, distinta a la multiplex que afecta a los almendros de Alicante pero que también está presente en Mallorca. Dado que esta subespecie se asocia a la enfermedad de Pierce en la vid y a la quemadura foliar del almendro en América, se trataría de un subtipo que raramente afecta a los cítricos.
La Xylella es un patógeno bacteriano transmitido por vectores (muy abundantes en todas las zonas citrícolas) y asociado a enfermedades graves en un amplio rango de vegetales. Más de medio millar de plantas pueden ser hospedantes de la enfermedad (la mayoría silvestres, otras tantas ornamentales y algunos frutales) pero hasta el momento en los cuatro países europeos donde se había confirmado (Italia, Francia, Portugal y España) sólo se había detectado en 174, ninguna de ellas de la familia de los cítricos. Cada subespecie tiene ‘predilección’ por un tipo de plantas, produciendo síntomas en ellas que pueden ser similares o diferentes, de ahí la importancia de una determinada genética fidedigna.

Mosca oriental en Italia
De idéntica gravedad podría catalogarse el nuevo foco de ‘Bactrocera dorsalis’ confirmado en el sur de Italia este verano. No fue la primera incursión en la UE pero sí la más relevante. La ‘Mosca oriental’ se detectó también en la región de Campania ya en 2018 y se produjeron posteriores hallazgos en Francia. La monitorización llevada a cabo en el país transalpino ha permitido confirmar ahora que el insecto se está multiplicando en campos de naranjas y otros frutales de la zona.
La falsa polilla
A estos patógenos hay que añadir otro catalogado como prioritario: la falsa polilla. A pesar de que la Comisión Europea instauró el «tratamiento en frío» como obligatorio para evitar su entrada a través de las exportaciones, el CGC ha denunciado ante las autoridades europeas que el denominado oficialmente «cold treatment» ha sido incumplido por Sudáfrica durante su última campaña de exportación.
Una quinta enfermedad también en el ‘top 20’ de las de mayor impacto es reiteradamente detectada en los controles portuarios europeos a las importaciones de cítricos de Argentina, Sudáfrica o Brasil: la ‘Mancha negra’ (Phyllosticta citricarpa). En 2019, tras muchos años de debates científicos y algunos estudios (promovidos por Sudáfrica) en los que se negaba su capacidad de adaptación al Mediterráneo, el hongo fue detectado en fincas de cítricos de Túnez. Un reciente artículo del IVIA, que ya había apuntado anteriormente que sí era capaz de hacerlo, ha acreditado en colaboración con el Instituto Superior de Agronomía de Chott Mariem de Túnez que «el clima no supone un factor limitante para el establecimiento y diseminación de esta enfermedad» en la zona mediterránea.