Javier Boceta: «Las grandes cadenas están ya apostando por la patata nueva»
La empresa de origen holandés tiene en Écija un campo de ensayo de dónde salen nuevas variedades protegidas de patata adaptadas al clima mediterráneo
Meijer está presente en todo el mundo desde hace tres generaciones. Esta empresa, mitad holandesa, mitad española, se dedica tanto a la selección de nuevas variedades de patata como al suministro de patatas de siembra y al abastecimiento de los mejores tubérculos para la industria manufacturera.
La apuesta por la innovación y la renovación varietal de patatas comienza en la localidad holandesa de Rilland y concluye en el municipio sevillano de Écija, de donde salen las variedades protegidas que mejor se adaptan al clima mediterráneo. Este es el recorrido que han seguido las variedades de patata líderes a nivel nacional como Soprano, la «baby» especial para microondas Jazzy y Lady Amarilla, siendo las dos primeras para el segmento de mesa y la última para la industria de chips.
El director general de Meijer Ibérica, Javier Boceta, prevé que el cultivo de patata irá «recuperando la superficie perdida» ya que «las grandes cadenas de distribución están apostando, desde el minuto uno, por la patata nueva española frente a la de conservación que se importa de Francia», y al próximo nacimiento de la asociación interprofesional de la patata española, que «ordenará el sector e invertirá en promoción para aumentar el consumo de patatas».
—Sevilla es la principal productora andaluza de patata. Sin embargo, tanto en la provincia como en Andalucía el cultivo atraviesa enormes dificultades, perdiendo superficie. ¿A qué achaca esta paulatina bajada?
—El sector ha hecho muy mal los deberes. En Andalucía hemos perdido la mitad de superficie en apenas 15 años, bajando de 20.000 hectáreas cultivadas a unas 10.000 actuales. La patata a nivel sectorial ha estado muy atomizada. Sin embargo, nuestros competidores franceses tienen una interprofesional muy potente, que recauda cinco millones de euros al año para acciones de publicidad. Nosotros tenemos un producto que culinariamente es muy bueno, no contiene azúcares reductores, no se quema y cuece muy bien, pero el desconocimiento por parte del consumidor ha hecho que la patata francesa nos haya barrido, pese a ser de calidad inferior.
Interprofesional española
—¿La solución está en una interprofesional en España?
—Hace falta tener unión y gastar en publicidad para llegar al consumidor. No obstante, la asociación está constituida y espera ponerse en activo una vez se estabilice la situación política nacional. En cualquier caso, parece que la tendencia se está invirtiendo y las grandes cadenas de supermercados españolas están dando garantías a los agricultores de que desde el 1 de mayo tendrán en los lineales patata nueva española. Por tanto, la siembra de patatas ya no es una aventura como antes.
—¿Cómo se augura la próxima campaña de siembras?
—Llevamos dos años buenos y hay mucho interés por sembrar, lo que puede resultar preocupante. El consumo en España es limitado y cuando se siembran más patatas de la cuenta hay problemas. En Andalucía, la fecha óptima para la siembra es a partir del 20 de diciembre.
—Las importaciones de patata de conservación francesa continúan en auge. ¿Cómo se pueden frenar?
—Llegando al consumidor, haciéndole saber que la calidad de la patata nueva española no tiene nada que ver con la patata de conservación en cámaras frigoríficas, que incluso se está cargando el consumo en Francia, en mínimos históricos. La calidad de la patata nueva andaluza, por contra, es muy apreciada en toda Europa. Tenemos un portfolio importante de nuevas variedades protegidas, con las que pretendemos dar respuesta a las demandas del consumidor y ganar cuota de mercado.
Ensayos en Écija
—¿Cuántas nuevas variedades salen del campo de ensayo de Écija?
—El desarrollo comienza en el campo experimental de Rilland, en Holanda. Hacemos 500.000 individuos genéticamente distintos al año y vamos seleccionando. Al segundo año quedan 80.000 y al tercero unos 3.500, que son los que vienen a Écija. Aquí, en los siguiente siete años vamos filtrando individuos, por lo que, finalmente, al cumplir el año diez, queda uno o ninguno. A ese uno, si le vemos interés, le damos nombre y lo patentamos como nueva variedad. Luego, probamos esa nueva variedad por toda España durante los cinco o seis años siguientes antes de pasar a ser comercial. Es un proceso muy lento. No obstante, hay variedades, como la patata Soprano, que te sorprenden desde muy pronto, pues es muy precoz, muy productiva y con cualidades culinarias excelentes. Contamos con las variedades líderes en el mercado nacional ya que de Écija salen las patatas que mejor se adaptan a nuestra climatología.
—¿Cuáles son las variedades estrella?
—En la provincia la que más se siembra es Soprano, siendo Sevilla junto con Cartagena la zona de mayor producción. De aquí también se exporta a Bélgica y a Alemania, e incluso hay alguna cadena francesa que nos ha mostrado interés en esta variedad, pese a que en Francia el origen español está prácticamente vetado. Luego, está funcionando muy bien la patata «baby» para microondas Jazzy, que no tiene rival en su segmento, y a nivel de industria Lady Amarilla es la variedad de Meijer con mayor crecimiento en la Península en los últimos años.
—¿Qué potencia la innovación en las nuevas patatas?
—Se demandan nuevas variedades con resistencia a plagas o enfermedades que perduren en el tiempo, como a mildiu o a nematodos. Luego, tenemos marcadores genéticos que nos dan niveles bajos de azúcares, y eso es muy importante en la industria. Aparte, se buscan variedades de largo almacenaje que no necesiten tratamientos químicos para así cubrir la demanda de un producto sano y saludable para el consumidor.