El Marco de Jerez afronta una vendimia temprana, complicada y costosa
La presencia de plagas como oidio, mildiu, polilla del racimo, mosquito verde y botrytis no han impedido que la uva se encuentre en buen estado y con una alta calidad, si bien su maduración sigue siendo muy dispar
Tras el inicio de la recolección en los viñedos del pago de Macharnudo de Bodegas Fundador y Grupo Estévez, la incorporación estos días de la sanluqueña Barbadillo en el jerezano pago de Gibalbín, de González Byass en el pago de Carrascal y de la cooperativa jerezana Las Angustias, puede considerarse generalizada la vendimia en el Marco de Jerez, afrontando «una de las cosechas más tempranas, complicadas y caras que se recuerdan».
Así lo consideran desde el Consejo Regulador de las Denominaciones de Origen de la zona, donde hasta el jueves 13 de agosto había en funcionamiento 8 lagares del municipio jerezano, del total de 12 en los que ha comenzado ya la molturación de la cosecha para la obtención de mostos. Los otros cuatro lagares ya en activo se distribuyen por Trebujena, donde hay dos operativos, y Chipiona y Sanlúcar, con uno cada uno.
El último parte de producción de la vendimia del Consejo Regulador refleja que a fecha de 13 de agosto, inclusive, ya se habían recogido cerca de 12,4 millones de kilos de uva con destino a la elaboración de vinos de Jerez y Manzanilla de Sanlúcar, de los que más de diez millones corresponden al término municipal jerezano, mientras que Trebujena se aproxima ya a los dos millones.
Uva de Trebujena
El único lagar de Sanlúcar, aunque con apenas 270.200 kilos molturados, junto a los de Jerez, son los que mayor graduación presentan hasta la fecha con 11,21 algo por encima de la media de 11,17 que acumula el Marco tras la primera semana de vendimia, la más madrugadora que se recuerda en el sector. La graduación media obtenida en la uva de Trebujena ha sido de 10,96, mientras que la de Chipiona, 10,73 grados baumé.
Los operadores del Marco de Jerez coinciden sin excepción en señalar las grandes dificultades que han caracterizado la presente campaña, marcada por la abundancia de las lluvias en primavera, las altas temperaturas y la humedad, que han incidido en la proliferación de enfermedades en los pagos costeros como los brotes de pudrición o botrytis, que afectan principalmente al viñedo de Sanlúcar y, en menor medida, a algunas zonas de Jerez.
Del mismo modo, los viticultores han tenido que combatir plagas como oidio y mildiu, primero, y las de la polilla del racimo, y el mosquito verde, después, además de las malas hierbas, lo que ha disparado los costes de la viña, que precisamente no está sobrada de rentabilidad. Así, con numerosos tratamientos han podido sacar adelante una cosecha con buena calidad en una de las campañas más caras que se recuerdan.
Incremento de la producción en torno al 10 %
En cuanto a previsiones, el Consejo Regulador mantiene de momento la previsión oficial de un aumento de la producción de en torno al 10% respecto a la campaña anterior, que en números redondos se traduciría en algo más de 60 millones de kilos de uva, cantidad cercana respecto a los 57,3 millones con los que acabó la vendimia anterior, y lejos de los 81 millones de kilos molturados en 2018.
En cuanto a mano de obra, el secretario provincial de COAG, Miguel Pérez, ha indicado que entre 400 y 500 vendimiadores harán la recogida en la denominación de origen, «una cantidad residual por la alta mecanización». No en vano, como recuerda Pérez, hace poco más de una década, se empleaba a 5.000 temporeros. «La explicación es sencilla, pues el bajo precio de la uva hace complicado costear los salarios de los vendimiadores y se opta por la mecanización».