David Villa llegaba a la primera cita del Mundial con 37 tantos, a siete del récord absoluto en la selección española que ostenta Raúl, y en ella se mantiene después del partido de debut
AFP
El primer partido de un Mundial siempre resulta el más complicado. Se cansan de repetirlo los entrenadores en la antesala y se puede corroborar con los resultados y el desarrollo del juego en la jornada de debut de cada uno de los grupos.
En España prima el sentido de la asociación, la jugada en mil toques, hasta que los cazagoles atinan con la portería rival. Como Fernando Torres sigue progresando adecuadamente después de su lesión, la selección tenía ayer en David Villa a su hombre de referencia en ataque. Un especialista de los primeros partidos porque había marcado en todos los estrenos de las grandes competiciones. Ahí está la hemeroteca. Su primer gran torneo llegó en el Mundial de Alemania de la mano de Luis Aragonés. España saltó al campo frente a Ucrania y el entonces jugador del Valencia metió dos melones en el morral para certificar la goleada. Una empresa al alcance de pocos futbolistas porque en una Copa del Mundo todo es diferente. Es el mejor escaparate para magnificar un gol o para crucificar al mártir. Villa abandonó Alemania con tres tantos, los mismos que Fernando Torres.
«Hat trick» a Rusia
La historia se repitió dos años más tarde cuando llegó a la fase final de la Eurocopa compartiendo ataque con El Niño. Así, en Austria y Suiza, el asturiano volvió a marcar en el encuentro inaugural, en esta ocasión con un «hat trick» a Rusia. Fue su consagración a nivel europeo, que quedaría refrendada al conseguir el pichichi del torneo con cinco tantos. Y eso que no pudo disputar la final porque su musculatura cedió de mala manera al lanzar una falta en las semifinales. Después de «mojar» en los partidos de debut de estas dos grandes competiciones, Villa arrancaba en Sudáfrica con más responsabilidad por un doble motivo. Porque ha crecido como futbolista y porque el proceso de recuperación de Torres le ha otorgado el papel de protagonista principal en el juego de ataque.
El «Guaje» llegaba a la primera cita mundialista con 37 tantos, a siete del récord absoluto en la selección española que ostenta Raúl, y en ella se mantiene después del partido de debut. A pesar de su sequía goleadora ante Suiza, pretende superar esta cifra durante su participación en la Copa del Mundo. El combinado helvético se presentó en Durban como una réplica de Alcatraz, un fortín enrejado diseñado para soportar todo tipo de acosos, y Villa no fue capaz de encontrar un resquicio en su defensa.
No tuvo muchas ocasiones España en la primera parte. El asturiano se movió en medio de la tela de araña diseñada por Hitzfeld y apenas se encontró en una posición franca para medir las opciones de Benaglio. En el minuto nueve hizo una bicicleta a su par, pero la pelota se le marchó larga. Mala pinta. Porque en otro balón dividido con el portero tampoco llegó.
No era la tarde de David Villa y tampoco la de la selección. Con su mejor referencia seca, el equipo también se resiente. En la segunda parte se fue diluyendo ante el juego más directo que propuso el medio del campo. Acabó desesperado. Frotándose la cabeza para encontrar un sentido a todo lo que sucedió en el campo.






