De medio luto, U2 y Madonna, protagonistas de las dos grandes giras de estadio del pasado verano, tuvieron el detalle y el gesto de sumarse al ciclo de homenajes tributados al Rey del Pop, entonces de cuerpo presente y refrigerado, con sendas y aplaudidas versiones de algunos de sus éxitos. Punto y final. El mundo del rock ha vuelto a darle la espalda al catálogo de un creador cuya producción, quizá por su exceso de popularidad y de forma, no ha sido reivindicada al margen de la actividad desarrollada por los intérpretes de baladas y standards. Queda en manos del Circo del Sol el probable montaje de una obra similar a las que la compañía canadiense ya ha dedicado en los hoteles de Las Vegas a artistas como los Beatles y Elvis Presley para dar continuidad escénica a sus obras y, como sucede con los clásicos, garantizar la permanencia sobre las tablas de unas canciones estrechamente ligadas, para bien y para mal, cosas del rock, a la presencia física de sus autores.
Aunque herramientas como Google faciliten las tareas de búsqueda de archivos, no resulta fácil encontrar versiones de Michael Jackson, aún menos con cierta dignidad. El «Smooth Criminal» de Alien Ant Farm o el «Beat It» firmado por Fall Out Boyrepresentan una rareza, bastante chusca en ambos casos, dentro del tradicional alejamiento que el mundo del rock ha adoptado para mantener las distancias respecto a un fenómeno comercial de la talla de Jackson. Ejercicios de estilo como el célebre «Thriller» de la banda de cornetas de la hermandad sevillana de Las Cigarreraso el disparatado y pachanguero «Medu» en el que Tropikal Fever transformó el año pasado «Billie Jean», similar en esencia y recursos al «Beat It» de Señor Coconut, sirven para ilustrar la revisión musical, a menudo esperpéntica, a la que ha sido sometido de forma recurrente el catálogo del autor de «Will You Be There», víctima de parodias tan atinadas como las de Weird Al Jankovic, que casi en tiempo real y desde la propia MTV contraprogramó a Jackson con vídeos tan infames como los grabados para «Fat» e «Eat It».
Ajeno a la erosión de las modas
Sólo los productores de piezas de mash-up, por la naturaleza iconoclasta de un género necesitado de grandes canciones con las que hacer notorio su destrozo, han echado mano de forma recurrente y más o menos creativa a los éxitos de Jackson, también ignorado por quienes han hecho del «sample» un elemento capital de su producción. Valga el reciente y exitoso «Don't Stop The Music» de Rihanna, surcado y vencido por «Wanna Be Startin' Something», como excepción a una regla que documenta la aversión de los remezcladores de bases prestadas hacia el legado de un autor demasiado superficial como para figurar en sus trabajos de arqueología, especialidad en la que no ha dejado de primar la exclusividad del hallazgo sobre cualquier otra consideración, incluida su efectividad, y en la que se han evitado los lugares comunes.
Progresivamente aflojado y tibio de ritmos, el repertorio de Michael Jackson ha encontrado en los intérpretes de tiempos medios -de Caetano Veloso a Sting, pasando por Céline Dion, Mariah Carey o KT Kunstall- su genuina parroquia. El mundo del rock no ha encontrado energía suficiente en un filón musical en el que sólo ha llegado a cotizar, y gracias al solo de Van Halen, «Beat It», recreada por Metallica, The Unseen o Supergrass. El resto de las canciones del Rey del Pop, por su notable falta de virilidad, no ha llegado a interesar.






