Nada de sexo ni de dinero. A Ashley Green, Xavier Samuel y al director David Slade, integrantes de «Eclipse», la tercera entrega de la saga «Crepúsculo», se les prohibió dar su opinión sobre ciertos temas (parece que la vida íntima de los personajes o el presupuesto dedicado a los efectos especiales son temas muy escabrosos). A falta del otro trío por el que se desesperan los fans, los tres encargados de promocionar la película se mostraron amenos, especialmente Slade y el hasta hace horas desconocido Samuel, quien no dudó en practicar su escaso español con los periodistas.
«Eclipse» se centra en el triángulo amoroso entre Bella, su melancólico vampiro Edward y Jacob, el musculoso y descamisado hombre-lobo. Mientras tanto, Riley, el neófito interpretado por Samuel, planea destruir a los Cullen bajo el mando de la manipuladora Victoria. «Eclipse es una película bastante más oscura y madura que las anteriores», destacó David Slade, quien ya tuviera experiencia con adolescentes sádicos en «Hard Candy» y con vampiros sedientos en «Treinta días de oscuridad». El director destacó la importancia del realismo y la mortalidad en la tercera entrega de la saga. «Quizás por eso la película se sienta un poco más madura, porque cuanto más real es, más te identificas con el espectador», señaló.
La batalla final
«Fue muy difícil hacer el filme con tan poco tiempo, porque con lluvia, sol, nieve, tsunami o terremoto teníamos que rodar»
El británico David Slade elogió la posibilidad que tuvo de aportarle su propia visión a la saga y añadió que realizar «Eclipse» ha sido «como filmar varias películas al mismo tiempo: un western, una de romance, otra histórica del siglo XVI o de los años treinta y hasta una contemporánea de acción». El mal clima y las prisas representaron un problema durante el rodaje, reconoció el británico: «Fue muy difícil hacer el filme con tan poco tiempo, porque con lluvia, sol, nieve, tsunami o terremoto teníamos que rodar». El director se declaró admirador del trabajo de Guillermo del Toro y de Juan Antonio Bayona («El orfanato»), cuyo nombre había sonado para dirigir la tercera entrega de las saga.








