«El hombre que soportó impasible millones de muertes, no pudo resistir su soledad», publicaba ABC tal día como hoy de 1987. El prisionero más antiguo de la Segunda Guerra Mundial ponía fin a los casi cincuenta años de encierro en Spandau, «la prisión mejor protegida del mundo», por las decisiones tomadas como ministro Hitler.
El único inquilino de Spandau
Era vigilado por 600 soldados y 50 agentes, en una prisión de 696 celdas para él solo
Pero Rudolf Hess había sido condenado a cadena perpetua y desde 1966 le vigilaban a él solo 600 soldados rusos, estadounidenses, británicos y franceses, y 50 agentes de Alemania Occidental, en una prisión de 696 celdas que costaba cerca de 100 millones de pesetas de entonces al año.
Las medidas de seguridad para un hombre que ya era anciano eran impensables: la circundaba una primera línea eléctrica, luego un muro de seis metros de altura que contaba con numerosas cabinas acristaladas de vigilancia y, por último, un contramuro de cinco metros de alto que, durante la noche, lo iluminaban potentísimos focos.
Entre el suicidio y el asesinato
Su hijo alegó que el suicidio que se le imputaba a su padre era físicamente imposible para él
Si los suicidios de Hitler y los demás mandatarios se produjeron tras el desenlace de la Segunda Guerra Mundial y el fracaso de la aventura imperial nazi, la de Hess, 46 años después, sugirió alguna sospecha: «¿Por qué este hombre, de noventa y tres años, ha esperado a suicidarse hasta 1987? ¿Por qué, casualmente, los interrogatorios a que se sometió a Hess durante su estancia en Inglaterra no pueden publicarse hasta el año 2017, treinta años justos desde 1987? ¿Por qué un Cuerpo de guardia que ha cuidado del prisionero durante tantos años le ha dejado entrar solo en una cabaña del jardín, donde apareció ahorcado?», se preguntaba ABC.
Su hijo, Wolf Rüdiger Hess, mostró su desacuerdo con el dictamen, asegurando que su padre se encontraba en buenas condiciones psicológicas y que el tipo de suicidio que se le imputaba era físicamente imposible para él.
Margaret Thatcher
El funcionario que halló el cuerpo dijo que mostraba huellas de un forcejeo para defenderse
La sombra del misterio sobre el suicidio del que fuera la mano derecha del «Fuhrer» crecía. Según la BBC, Su hijo, Wolf Rüdiger Hess, mostró su desacuerdo con el dictamen, asegurando que su padre se encontraba en buenas condiciones psicológicas y que el tipo de suicidio que se le imputaba era físicamente imposible para él. Y según el funcionario que halló el cuerpo 40 minutos después de que falleciera, el reo mostraba huellas de un forcejeo para defenderse, además de asegurar que sus manos se hallaban completamente inutilizadas por la artritis y «no podía hacer ni el nudo de los zapatos».
«No trato de juzgarle, pero como hijo existen algunas preguntas que me gustaría que me respondiera», comentaba su hijo a ABC en 1970. Aquellas dudas no pudieron ser saciadas, pues tenía prohibido hablar de los años comprendidos entre 1933 y 1945 durante la media hora de visita al mes a la que tenía derecho.






