La tromba de agua caída el pasado lunes pone en evidencia el plan aprobado en 2002 por la Junta de Andalucía para evitar las inundaciones en la región. A pesar de la excepcionalidad del suceso, considerado como la lluvia más importante en el interior de la región desde que hay registros científicos y que se saldó con tres víctimas mortales, existen varios antecedentes que ponen de manifiesto la escasa repercusión del Decreto 189/2002 por el que se aprueba el Plan de Prevención de Avenidas e Inundaciones en cauces urbanos andaluces. Entre ellos destaca el hecho de que cada año se siguen inundando los puntos de alto riesgo definidos en el informe, que advertía de que el 60% de los municipios cordobeses corrían el peligro de verse anegados por las lluvias torrenciales.
Este plan incluía un inventario donde se localizaban 108 puntos sensibles en la provincia, de los que 55 afectaban a núcleos de población y 45 a municipios. En este mismo documento se advertía del alto riesgo de inundaciones en Aguilar de la Frontera, por la cercanía del arroyo El Pintar, y de Bujalance, donde el cauce del arroyo del Asno ponía en peligro a la población del municipio en caso de desbordamiento. En ambos municipios se han aplicado las medidas incluidas en el plan para evitar las inundaciones sin que surtan los efectos esperados. Y no sólo por la anegación del pasado lunes, sino porque ambas poblaciones han sufrido inundaciones una vez acabadas las obras.
En concreto, este plan señalaba en Bujalance como puntos de especial peligrosidad la intersección de la calle Dr. Fleming con la Ronda Sur, la plaza Soriana y las calles Rosa, Coronel Aguilera y Morente. En esta última, en la vivienda número 8, se produjo la tragedia el pasado lunes cuando murió un varón de 36 años al derrumbarse un muro. Bien es cierto que los 198 litros por metro cuadrado caídos en el citado municipio están tras la inundación y los daños ocasionados. Pero también es cierto que las obras realizadas para evitar la anegación del municipio no han funcionado. Independientemente de que los litros cayesen en dos horas o en dos días, las actuaciones realizadas tenían como finalidad hacer frente a los desbordamientos de los cauces, que se producen con motivo de la prolongación de los días de lluvia o de trombas considerables como la del lunes. En el caso de Bujalance, el alcalde de la localidad, Rafael Cañete, indicó a ABC que la tragedia «podría haber sido mayor» si el Ayuntamiento no hubiera ejecutado proyectos de canalización de agua años atrás. Concretamente, en el año 2007, tras levantar medio pueblo para instalar dos colectores para recoger las aguas pluviales y evitar las inundaciones.
Tampoco han tenido el efecto esperado las obras de canalización del arroyo El Pintar, conocido por los aguilarenses como arroyo del Nido. Este cauce fue sometido a obras, por parte de la Consejería de Obras Públicas en 2004, para reconducir el agua mediante colectores de 1,5 metros de diámetro. El colector comienza al final de la urbanización El Tejar, la más afectada por la lluvia del lunes, y se prolonga por la margen izquierda de la carretera de Puente Genil hasta el final de la calle Ancha. El problema estriba en que esta tubería no puede asumir grandes cantidades de agua procedentes de la lluvia y en ocasiones se atora, con lo que el agua salta por encima e inunda las calles de la urbanización.




