Amanece hoy con ese cielo color gris perla que encantaba al madrileño Antonio Díaz-Cañabate... Acudo al Museo de Bilbao, uno de los mejores de España, a ver la exposición «Taurus. Del mito al ritual», organizada con motivo del centenario del Club Cocherito: una muestra completa y atractiva de lo que ha supuesto el tema taurino en la historia del arte, desde ánforas griegas a pinturas de Barceló y Francis Bacon, incluídas las «Tauromaquias» de Carnicero, Goya y Picasso... Mucha gente llena las salas, comprobando lo que ha supuesto el toro en la cultura mediterránea: mito, rito, símbolo, animal mágico con el que jugamos y nos identificamos...
¿Qué dirían, si vieran esto, tantos ignorantes? Lo mismo que ahora dicen, me temo: la ignorancia es osada por naturaleza. Me pregunto si esta gran exposición va a nacer y morir aquí. ¿No atraería a muchísimos visitantes en Madrid , Sevilla, Valencia? Algo más: ¿no podría ir a Barcelona? ¿Se atrevería alguna institución catalana —la Caixa, por ejemplo— a llevarla a la Ciudad Condal? ¿No tiene dinero y capacidad organizativa el mundo taurino para hacerlo?¿No nos dejamos ganar la batalla todos los días?
Pero la Fiesta no sólo es tema artístico, ella misma es una de las Bellas Artes: para Salvador de Madariaga, participa de todas ellas. Crea belleza, de modo instantáneo, irrepetible, dominando a un animal peligrosísimo (aunque el señor Mosterín no se entere).
¿Perfumará hoy la belleza la arena del coso bilbaíno, cenicienta como la tarde? Los toros de Joselito, desiguales: codiciosos; alguno, flojo; muy buenos, segundo y sexto.
Muchos franceses han venido a ver a su compatriota. El colorado segundo se arranca de lejos al caballo. Hace la estatua Castella en chicuelinas ceñidas. Como suele, inicia con el cambiado en el centro. Faena de quietud más que de calidad , desigual (acaba con desarme y enganchón), a un toro excelente, que no ha parado de embestir: petición insuficiente.
El quinto, corto, engancha repetidamente la muleta de Castella, que corta por lo sano y mata mal. Aunque se quede quieto, valiente, no me parece que avance.
Al lesionado Cayetano lo sustituye Leandro, que hizo un gran esfuerzo en Santander, toreando bien con la herida abierta. Justo de fuerzas pero codicioso el tercero, le permite buenos muletazos, cuando le baja la mano... y también pasa algunos apuros. Antes que la estética es necesario el mando. Sigue matando muy mal.
Saluda en el sexto Miguel Martín. Comienza Leandro con bellos doblones. En el platillo, consigue algunos derechazos solemnes, estéticos, con otro excelente toro pero vuelve a fallar con el estoque.
La mayor expectación la suscita Morante de la Puebla pero el primero es flojísimo y sólo puede desplegar el capote para mantenerlo en pie: decepción... Tres muletazos de tanteo y el toro se derrumba: bronca. Dibuja preciosos naturales al ralentí: una belleza... sin emoción . El toreo ha de conjugar las dos cosas. Mata sin exponer.
En el cuarto, tres verónicas de Morante,con los pies juntos,y una media nos saben a gloria... escasa. Hermoso comienzo de faena, con ayudados por alto, abierto el compás. Algún muletazo con gran naturalidad pero el toro se queda corto. Cuando se ve apurado, sabe salirse del toro como hoy ninguno. No hay faena redonda pero sí bellos detalles... para el que tenga paladar.
Recuerdo lo que escribió Cañabate sobre Antonio Bienvenida: «¿Con qué fragancia podemos comparar la esencia torera? Con el jazmín». Sobre la bilbaína arena cenicienta, esta tarde, ha habido aroma de jazmín sevillano en los detalles toreros de Morante.






