El cine alemán «de tesina» sigue ejercitando abdominales de teletienda, siguiendo el hilo de «El experimento», «La ola» o «Los edukadores» (la anterior y ya maniquea película de Weingartner) y sin que se le vaya la bicha del fascismo de la boca.
Aquí, la fábula ejemplarizante se centra en la televisión más vomitiva que nutritiva, y concretamente en la esperpéntica figura de un productor basurero de esos que se untan las tostadas en cocaína para desayunar y conducen su bólido como si fuera Michael Schumacher (véase el desopilante arranque del filme).
Hasta que un buen día ve la luz cegadora y se propone manipular los medidores de audiencia para obligar a los espectadores a ver debates políticos y pelis de Fassbinder en «prime time».
Con trazo algo grueso y cogollo argumental poco exprimido (aunque da la sensación de que el tema tampoco da mucho de sí), Weingartner cae en el mismo error que los tiburones a los que va dirigida su sátira: presuponer que el espectador es tan bobo que no puede elegir por sí mismo.
Así, los disparos del filme son de fogueo, aunque algunos diálogos brillantes y el sentido del humor a la hora de retratar a los saboteadores salvan la larga función. Dos consejos para septiembre: rescaten «Network» y vean la tele que les dé la gana.






