La mayor parte de los escolares, casi un 73%, practica actividades extraescolares en nuestro país. Fomentar las aptitudes del niño, enriquecer su formación o, simplemente, tener al niño ocupado mientras que los padres ultiman sus jornadas laborales son las motivaciones por las que los niños continuan su jornada fuera de las aulas. Según el Sistema estatal de indicadores de la educación en su edición de 2009, las actividades deportivas son las más demandadas por los niños, seguidas por los idiomas (28,4% de los alumnos), música o danza (24,9%), manualidades, dibujo o pintura (22,3%), informática y teatro, realizadas por un porcentaje menor de alumnos.
Como mínimo, los centros educativos imparten 175 días lectivos al año, lo que supone que nuestros escolares reciben de media 875 horas por curso (5 horas al día). Pero la jornada de la mayoría de los niños no acaba ahí. Sólo en Primaria (de 6 a 11 años), el 34,5 por ciento de los escolares realizan una actividad extraescolar, un porcentaje que se incrementa hasta el 54,2 por ciento en el caso de dos o más actividades fuera del horario de clase. ¿Estamos sometiendo a nuestros hijos a demasiadas horas de formación?
Por muy lúdica que se antoje la actividad, los expertos alertan sobre el peligro de sobrecargar la agenda de los pequeños. «Las actividades extraescolares casi siempre están supeditadas a los horarios laborales de los padres, es una realidad que tenemos que entender, lo ideal en estos casos sería buscar aquellas que sean más beneficiosas para el niño, contando incluso con el asesoramiento profesional», explica Juan Antonio Moriana, profesor de Psicología de la Facultad de Ciencias de la Educación de la Universidad de Córdoba y autor del informe «Actividades extraescolares y rendimiento académico».
«Para un menor de cuatro años, el colegio es suficiente»
A medida que el menor crece y entra en Educación Primaria y posteriormente en Secundaria hay que ir teniendo en cuenta, especialmente, sus aficiones, motivaciones, respuesta a la actividad y ritmo personal. «Hay niños con un índice de actividad alto, que responden de forma muy positiva a realizar gran número de actividades y a su vez, mantienen un nivel académico y de funcionamiento personal elevado, mientras que hay otros, que se fatigan, le toman manía a determinadas actividades», alerta Moriana.
El nivel de estudios de los progenitores influye en las actividades que realizan los niños. Los padres sin estudios apuntan menos a sus hijos a extraescolares y, de hacerlo, optan por informática y manualidades, mientras que los que tienen estudios universitarios dirigen a sus hijos hacia los deportes, idiomas y danza.
A la hora de optar por una ocupación, los padres tienen que tener en cuenta la edad, las características del niño y sus motivaciones. La opinión del menor es importante, pero no determinante. Según el pedagogo Valentín Martínez-Otero, profesor de Educación en la UCM, es importante contar con los propios hijos «aunque es una decisión que no se debe dejar únicamente al capricho del niño. Tampoco conviene elegir la actividad de forma arbitraria, si el hijo vive la extraescolar como una imposición es posible que sea contraproducente y desencadene una actitud de rebeldía, aunque los padres deben mantenerse firmes en aquellos casos en que precisan determinada actividad».






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