Es el mejor piloto de motociclismo del mundo entre los menores de 23 años y todavía no puede examinarse del carnet de conducir. Ha ganado diez carreras de dieciséis disputadas y no puede brindar con cava, porque cuenta 17 años y el alcohol está prohibido para él. Un Red Bull se convierte en su mejor copa. Es un chaval «extrovertido, espontáneo, optimista, con un carácter ideal para competir en el Mundial», subraya Emilio Alzamora, su mentor. Se llama Marc Márquez (17-2-1993, Cervera) y la única novieta que le ha ronroneado el oído es su moto. «Nunca tuve novia, no hay tiempo viajando todo el año. Además, no entiendo eso de llevarse la novia al box. En el “paddock” estás para trabajar, no para llevar una chica». Así de disciplinados los quiere su director. El domingo, este niño que no conoce las cuchillas de afeitar se dispone a proclamarse el campeón del mundo más joven del motociclismo español.
Hace cuatro años medía 1,48 metros y pesaba 34 kilos. Se temía que no creciera, como le sucedió a Pedrosa. «Yo no temía que fuera bajito siempre. Esperaba dar el estirón tarde o temprano y por fin llegó. Hoy mido 1,68 y los médicos me dicen que creceré en los próximos años dos o tres centímetros, hasta el 1,71». La envergadura ideal para triunfar en MotoGP. Le comparan con Rossi. «Eso es cosa de ustedes, los periodistas. Me falta mucho por aprender».
Besa a su novia, «la moto»
Su menudez le hizo sufrir durante muchos años. «Me ponían un peso extra de veinte kilos, de trece, de cinco». La moto le tiraba algunas veces. En la mayoría de las ocasiones, fue su amor más fiel. «Más de un beso he dado a la moto. No la susurro como a los caballos, pero casi. La tienes un aprecio especial, la mimas. No es una máquina, como dicen otros pilotos. Vas encima de ella todo el año».
«No me gusta leer, ni estoy loco por la música, lo que me encanta es el Scalextric»
Su casa es un poso de alegría. Su padre, Julián, y su madre, Roser, son tan extrovertidos como el campeón. «Su hermano Álex —14 abriles— va a ser aún mejor que él». Entre bromas y veras, la apuesta es real.
Marc asegura que es «poco supersticioso», pero sus calzoncillos le delatan. «Llevo calzoncillos azules en los entrenamientos y rojos en la carrera. Mi madre me los compró hace años, cuando tenía 13 y empezaba en el Campeonato de España. Me los puse en ese orden, todo me salió bien y seguí con esa norma hasta hoy. El azul es un buen color en la información de los entrenamientos y el rojo es el mejor color en la telemetría de carrera».
«En Portugal, la novatada»
Todos los problemas los traduce en positivo. Es el arma psíquica de los grandes. En Estoril convirtió el caos en lección magistral. «En Portugal pagué la novatada al caerme en la vuelta de calentamiento. Hice bien en entrar en el box para arreglar la moto en vez de dirigirme a la parrilla, aunque tuviera que salir el último en la carrera. El equipo me decía que ser segundo estaba bien, pero pensé que era mejor endosar otros cinco puntos a Terol. Ataqué y lo conseguí».
Comenzó a ir en moto a los cuatro años. «La pedí a los Reyes». Ahora ya no es pequeño. «Para adquirir peso llevé una dieta de cinco comidas al día y por la tarde un zumo de frutas». Posee un sueño. «Vencer a Rossi en la última curva».
No se lo ha creído. «Alzamora me dice que tenga los pies en el suelo, que no vuele». Destaca lo mejor de Valentino: «Sus ganas, siendo un veterano». De Lorenzo: «Su ambición». De Pedrosa. «Es un reloj». Y de Stoner. «Un pura sangre, gana o se cae».







