No se ganó el aplauso ni el reconocimiento de San Siro. Cristiano Ronaldo jugaba en territorio ajeno, vestía de blanco, toda una invitación para convertirse en el centro de los silbidos de la afición del Milán. La bronca con la que los seguidores italianos acompañaron cada una de sus acciones —comparable en decibelios sólo a la recibida por Mourinho al salir del túnel de vestuarios antes de comenzar el duelo— era la señal inequívoca de que el jugador portugués era el más temido. Pero no se descompuso. No se descentró, se mantuvo en el partido. Porque el delantero volvió a demostrar que tiene carácter, excesivo en ocasiones. Como ocurrió en el minuto 24, cuando un manotazo de Abate provocó un enfrentamiento posterior con Gattuso. Cara a cara con el ídolo local, imperdonable para los milanistas.
AFP
A medida que crecía la tensión y Cristiano generaba cada vez más adrenalina en la grada, Ibrahimovic aumentaba con sus fallos ante Casillas la frustración de la parroquia local, impotente ante el claro dominio madridista. Dos minutos antes de la «afrenta» a Gattuso, el delantero sueco se empeñó en darle la razón a Guardiola al fallar un claro mano a mano con el portero. Desatino que le acompañó durante todo el primer periodo, en el que dispuso de la segunda y última ocasión para los milanistas después de un soberbio pase de otro ex barcelonista, Ronaldinho. La vaselina final de Ibra pudo terminar de convencer a los que aún albergaban dudas de su salida del vestuario del Camp Nou.
No fue la noche del delantero milanista, dejado en evidencia en repetidas ocasiones por Pepe y Carvalho en el fuera de juego. Sólo entrega. Es lo único que pudo ofrecer a su gente. Un trabajo en ocasiones excesivamente fogoso. Así, el punta fue el que provocó las dos primeras faltas en contra de los suyos. Dos entradas a destiempo sobre Xavi Alonso en los cinco primeros minutos fueron la evidencia de que Ibrahimovic saltó al césped más con el corazón que con la cabeza. La que le faltó recién comenzada la segunda parte cuando una patada por detrás a Sergio Ramos le costó la cartulina amarilla.
Providencial Ibrahimovic
Pero el cartel de gran jugador que le acompaña es por algo. De sus botas nació el empate milanista en una internada por la banda izquierda que terminó en un mal pase que, sin embargo, aprovechó Inzaghi. El sueco había cumplido con su equipo y se reconcilió con los suyos.
Algo más para el recuerdo pretendió dejar Cristiano en un partido de altísimo rango. Pero tampoco fue el día de la estrella blanca. Y no fue porque no lo intentará. Con los incansables Di María e Higuaín como protagonistas en labores ofensivas, el portugués optó por buscarse solo la gloria. Sus lanzamientos lejanos en el primer acto no sobresaltaron a la grada, lo que sí ocurrió en el primer minuto del segundo periodo con un obus que desvió Abbiati. Luego se diluyó, como le sucedió a su equipo hasta el último minuto.






