Seguro que aún recuerdan la cita del presidente del Gobierno atribuyendo al viento la propiedad sobre la tierra. «La tierra pertenece al viento», fueron las palabras que pronunció durante el transcurso de una cumbre internacional. Nadie lo supo interpretar. Pero el tiempo, que quita y pone, ha dado al viento el protagonismo que algunos le quisieron negar.Hasta en competición deportiva ha ganado en titularidad. Por ejemplo, incluso se le achaca la responsabilidad de la pérdida del mundial de F1 por Ferrari. Ahora dicen que, lejos de ser debida a error de estrategia propio o, en otro caso, al mérito en la competición ajeno, la culpa es del túnel del viento de la entidad. Pobre viento.
Por otra parte, esta tarde se reúne el Ecofin. Que no es más que la reunión de los ministros de finanzas de los Estados miembros de la Unión Europea. Concepto éste, de Unión Europea, que a este paso va a ser incluso más discutido y discutible que el de la misma Nación. Aunque en el orden del día de la reunión, a celebrar por videoconferencia, sólo se incluye la cuestión irlandesa, no han faltado los rumores de su ampliación para tratar la situación de otros Estados, como el español. Sólo deseo que no sea realidad y que las palabras, las de los rumores, se las lleve el viento.
Como también se llevará el viento el resultado del partido de fútbol de mañana. Que ha merecido tanta o más atención que la cita electoral, con unas salidas de tono que deberían hacernos pensar. Como también debería hacernos reflexionar la falta de contenido en el programa electoral. Tan ausente han estado de contenido que, en este caso, el viento sólo se podrá llevar por delante el exceso verbal. Y, probablemente, a algún que otro aspirante a gobernar.
Aunque, para viento y vendaval, el que ha pasado por la Bolsa durante la semana que concluye en el día de hoy. Ha perdido aproximadamente un siete por ciento mientras que, por el contrario, el incremento de coste de la deuda pública española ha sido aún superior.
Y, contrariamente a lo que pudiera parecer, ese viento sí se podría contener. Pero no con palabras. De igual forma que es uno y no el mundo el que se equivoca, en esto de los mercados no hay que caer en el error de la confrontación del discurso con el inversor. El inversor, como su nombre dice y por obvio que parezca, no habla. Sólo decide. Pero siendo tan obvio o, precisamente por ser tan obvio, merece ser recordado con cierta reiteración. El único lenguaje que entienden es el de la persuasión y la convicción. Empezando por la convicción de uno mismo ante la actual situación.
De lo contrario, la frase del Presidente del Gobierno reproducida con anterioridad podría ser verdad. Porque el viento nos barrerá. Es responsabilidad de todos que no se haga realidad.






