Tras el deterioro sufrido por la fuerte presión urbana e industrial que se inició en los años 70, la Albufera de Valencia está volviendo a la vida. Un programa de modernización de depuradoras y sus correspondientes redes de colectores está reduciendo sensiblemente los niveles de nutrientes en las aguas residuales, al tiempo que se han instalado «filtros verdes» para reducirlos aún más antes de su entrada al lago. Este proyecto de filtros verdes fue puesto en marcha hace dos años por la Confederación Hidrográfica del Júcar y SEO/Birdlife en la zona conocida como el Tancat de la Pipa, y ya empieza a dar sus frutos.
Y es que La Albufera valenciana no es un parque natural al uso. La red de acequias y canales que en su día permitieron poner a este enorme carrizal en riego para cultivar arroz y que supusieron transformar en una laguna, con el control artificial de su desagüe al mar, lo que era una albufera salobre, es la misma que en los últimos años amenaza de muerte a este paraje. La contaminación, ya sea por vertidos directos o por los retornos del riego conteniendo herbicidas, que ahora llega a través de esas mismas acequias, ha transformado las aguas antes transparentes y vivas de la laguna en un ecosistema hipertrófico, con una gran cantidad de fitopláncton y poco zoopláncton, sin vegetación sumergida y con una menor biodiversidad.
Enea y carrizo
Ahora, como explica Mario Giménez, delegado de SEO/BirdLife en la Comunidad Valenciana, la depuración natural que suponen los filtros verdes (con enea y carrizo) ya ha dado lugar en el Tancat de la Pipa a aguas transparentes, la aparición de vegetación sumergida y la vuelta de la avifauna ya sea para criar o para alimentarse. «Este proyecto piloto supone una ventana al futuro, ver en lo que se debe convertir la Albufera si recuperase sus aportes de agua de buena calidad», apunta Giménez.
Por eso, además de la depuración es fundamental que haya más aportes naturales de agua al lago, que podría conseguirse en parte con la modernización de los regadíos de la zona, para que esa agua ahorrada revierta a la laguna. Pero además, como explica David Howell, coordinador de políticas ambientales de SEO, «el futuro de La Albufera pasa por aprobar un plan para la cuenca del Júcar que garantice los caudales necesarios en calidad y cantidad al parque». Y es que los datos hablan por sí solos: en los últimos 30 años la renovación de las aguas de la Albufera por año hidrológico ha bajado de un promedio de 12,7 en la década de los ochenta a 7,8 entre los años 2000 y 2008.







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