Tienen en común que un día decidieron mantener el legado de sus padres y así continuar con unas explotaciones agrícolas que implican, en definitiva, mantener vivo el mundo rural. Son tres jóvenes agricultores de León, Palencia y Soria.
David Rodríguez tiene su explotación de regadío y secano en Mansilla de las Mulas (León) en la que, con 29 años, dice que lleva «toda la vida». «Me quedé aquí porque me gusta y porque sigo la tradición de mi familia», aunque reconoce que «o esto cambia o para la gente joven es muy complicado». Su demanda es muy clara: «Que los que se jubilan lo hagan realmente y den paso a la gente joven». Por eso, recibe con satisfacción el anuncio de Herrera de crear una oficina para el joven agrario emprendedor porque «todo lo que sea echarnos una mano para tramitar papeles o pedir ayudas es una ventaja». David asegura que el principal problema es el de «los gastos que hay en un mercado que dicen que es libre pero para lo que vendemos porque para lo que compramos no es libre y el sulfato o los abonos no están en un mercado libre». Reconoce que alguna vez se le pasa por la cabeza abandonar, «pero al que le gusta y siente el campo lo último que hace es dejarlo». «Aún viéndolo mal quieres tirar para adelante porque te gusta y en los pueblos hay muy poca gente joven», asegura, mientras se lamenta de que «en un pueblo grande como Mansilla sólo yo trabajo en el campo».
José Luis de Prado llega de Riberos de la Cueza (Palencia), donde tiene una explotación de secano. Este fresador de profesión llegó al sector tras la jubilación de su padre agricultor, lo que le llevó a optar por continuar con la explotación. Está satisfecho de un trabajo en el que la peor parte está en la soledad de su actividad, si bien, al mismo tiempo, destaca la ventaja de la independencia y el horario. El futuro no está del todo claro «como en todo», y mira también a la reforma de la PAC con la idea de que se apoye más al agricultor profesional y se ayude también al medio rural en toda su dimensión.
Teófilo Honrubia, de Miño de San Esteban, en Soria, reparte su actividad entre el secano y el viñedo, explotaciones a las que se incorporó tras el fallecimiento de su padre. Un trabajo al que dedica «mucho tiempo, con pocos días libres y dependiendo siempre del tiempo». Su amor al campo y al mundo rural le permitió tener muy claro que tenía que quedarse allí. Sin embargo, el futuro «está muy complicado porque depende mucho de Europa y cada vez nos presionan más y nos cuesta más mantener la explotación rentable».
Asegura que «el problema es que no tenemos nada claro y trabajamos con mucha incertidumbre sin saber a qué atenernos porque la agricultura depende mucho de la Unión Europea». Denuncia que «no sabemos qué va a pasar a partir de 2013 lo que nos hace estar muy parados porque no sabemos hacia donde tirar».






