El encuentro entre Claypole y Victoriano Arenas, de la quinta división argentina, se ha ganado un hueco en los libros de historia del fútbol tras la expulsión de 36 futbolistas y un utillero a causa de una batalla campal entre ambos equipos.
Desde su inicio, el partido estuvo marcado por el juego duro y las continuas faltas. Un conato de pelea entre dos futbolistas se saldó con la primera tarjeta roja que mostró el colegiado Damián Rubino, protagonista del encuentro. La situación, lejos de calmarse, iba cada vez a peor. La segunda tarjeta roja del partido, mostrada a un futbolista por protestar y encararse a su propio entrenador, tensó aún más el partido.
Con la victoria del Claypole en el marcador y el tiempo a punto de agotarse, la locura se apoderó del terreno de juego. Futbolistas, entrenadores, asistentes e incluso aficionados convirtieron el campo en una especie de cuadrilátero. En el acta del encuentro, Rubino señaló que los 36 jugadores de ambos equipos fueron expulsados del encuentro por «intervenir en la gresca generalizada».
Reducción del castigo
El suceso, que ha ocupado páginas tanto en la prensa local como en la internacional, llegó hasta el Tribunal de Disciplina de la Asociación del Fútbol Argentino (AFA). Tras estudiar las alegaciones de las partes y visionar el DVD del encuentro, el organismo decidió eliminar las sanciones a la mayoría de los futbolistas, de tal forma que "solo" siete jugadores han sido finalmente sancionados.
Rodrigo Sánchez, como instigador de la pelea, se ha llevado la peor parte con 7 partidos de suspensión. El resto de futbolistas han recibido sanciones de entre uno y tres partidos. Según explica la prensa argentina, la AFA tomó esta decisión «política» para evitar que se desvirtuase la competición.
El anterior record de expulsiones se remonta a un partido disputado en 1993 en Paraguay en el que 20 jugadores tuvieron que marcharse al vestuario antes de tiempo.






