Cultura

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Adiós a todo esto

Fernando R. Lafuente presenta un sugerente menú semanal literario, televisivo y gastronómico

Día 11/03/2011 - 11.34h

En el año de Cristo de 1571, Michel de Montaigne, desde hace ya tiempo cansado de la esclavitud de la Corte y de los cargos públicos, todavía en buena salud, se retiró al seno de las doctas vírgenes, donde, con sosiego y seguridad, transcurrirán los días que le queden de vida esperando que el destino le conceda llevar a puerto esta hacienda y este dulce refugio solariego que ha consagrado a su libertad, su sosiego y su ocio. Michel de Montaigne encuadró estas luminosas palabras a la entrada de su Torre como aviso a caminantes, como advertencia a sí mismo. Una vida llevada con entusiasmo y curiosidad intelectual, que es la más cabal de las actitudes o el placer de vivir sin ataduras. Montaigne es el origen del ensayo literario moderno, plenamente renacentista, pausado, fragmentado, caprichoso, profundo, irónico y rabiosamente personal. El escritor y diplomático chileno Jorge Edwards, premio Cervantes, que forma parte del distinguido y elegante club de los declarados por el régimen castrista como «persona non grata», ha escrito su mejor libro, «La muerte de Montaigne» a historia narrada con inteligencia, sentido y sensibilidad. Un libro pleno de imágenes relevantes, de sentimientos y pensamientos cuajados por el tiempo. Su libro más cervantino.

La muerte de Montaigne

La descripción de Montaigne en los años finales, 1588, teñida de melancolía, alterada por la savia incandescente de una nueva y rara relación con la joven Marie de Gournay; la constante ironía que pone distancia ante los dogmatismos, el humor exquisito con que se trata a los personajes, la trascedencia de unos escritos que constituyen la esencia de la reflexión literaria europea, las similitudes y distancias con el otro Miguel, de Cervantes, las huellas de la memoria que trazan un rostro escéptico y alegre, una obra delicada, sutil, vivida y sentida. Como Montaigne, Edwards ha sido lo que alguien íntegro anhela ser: «Gibelino entre los güelfos y güelfo entre los gibelinos». Una novela que es, también, un ensayo; un ensayo que es una aventura, una certera historia sobre la desdichada condición de cada uno. Un lujo para el lector. Como lujo para la vista y goce para la contemplación es la serie de TV «Mad Men». Quien quiera saber cómo funciona una empresa —ésta es de publicidad, pero vale para las demás— no tiene que hacer un master, tiene que comprarse las cuatro temporadas de esta memorable serie y tomar nota, eso sí, con los ojos y, algo más, tan abiertos como horrorizados. Y lo curioso es que no se cuenta nada extraordinario; he ahí el éxito de la serie. Las complejidades de los personajes —auténticos, miserables, egoístas, traidores, solidarios, solitarios, ambiciosos, conquistadores— la diversidad de situaciones, el virus de la ambición, la droga del poder, las pequeñas miserias y venganzas de los mediocres muestran la vida oculta de Nueva York —cualquier ciudad— a comienzos de los maravillosos locos años sesenta. Y, por cierto, lo que felizmente fuman y beben, y demás, en medio de tantas cuchilladas.

Mad Men

Para que baje la temperatura ambiente, y suban otras cosas, nada mejor que largarse a El ventorrillo murciano. La fiesta casera de los arroces —que nadie se pierda el huertano, el de conejo o el de verduras con bacalao—, los salazones, los embutidos, la espléndida ensaladilla, el zarangollo, los michiones y, claro, los generosos vinos de la tierra murciana. Un comedor familiar atendido con exquisitez por José María Muñoz. Con tales bagajes ¿quién, visto lo visto cada día en el derrumbe general, no diría también, me voy a los libros, las series y los restaurantes? y, diría, sí, adiós a todo esto.

El Ventorrillo Murciano

Para leer

La muerte de Montaigne

Jorge Edwards

Tusquest, Barcelona, 2011, 296 páginas. 17,31 euros

Mad Men

Serie de Televisión creada por Matthew Weiner. HBO. Cuatro temporadas. Jon Hamm, January Jones, Elizabeth Moss, Christina Hendricks, John Slattery. 2007-2010 Estados Unidos

Para ir de cena

El ventorrillo murciano.

Tres Peces, 20. Teléfono. 915288309. Madrid. 28012. Arroces contundentes de la huerta, vinos de la tierra, fiesta gastronómica segura y prolongada. 30 euros

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