Sí, Stieg Larsson amaba profundamente a las mujeres. Quizá porque de adolescente fue testigo de una violación de la que en cierto sentido se sintió cómplice. Pero sí, el novelista sueco amó intensamente a las mujeres, sobre todo a Eva Gabrielsson, su pareja durante treinta y dos años. Compañera y confidente, amiga y camarada, Gabrielsson publica en España «Millennium, Stieg y yo» (Destino), un libro de recuerdos sobre su vida con Larsson, que estará en las librerías el próximo día 5 de abril, aunque en conocidas webs los impacientes ya pueden encargarlo.
Esta semblanza de la pareja es la historia de una pasión, la historia de muchas pasiones. La pasión por el café, la pasión por la lucha antifascista, por el mar y la vela, por la ciencia-ficción, por la isla caribeña de Granada. La pasión de Eva por la defensa del legado del escritor, por reivindicar los derechos sobre su obra que hoy por hoy pertenecen al padre y hermano de Larsson, ya que la pareja nunca llegó a casarse.
En el trasfondo de «Millennium» subyace la historia de un amor y de un combate. El de los propios Stieg y Eva. La historia de un amor que arranca en 1972 cuando se conocen en una reunión contra la Guerra del Vietnam. Él iba más o menos de maoísta; ella prefería a los trotskos. Él tenía 18 años, ella, 19. Fue un flechazo militante: «Con Stieg comprendí la expresión tener un alma gemela», rememora Gabrielsson. Un amor que pasó por estrecheces económicas durante años, un combate en el que sus vidas corrieron grave peligro amenazadas por grupos neonazis que temían su labor de denuncia en la revista «Expo», empeño que Stieg compaginó con su trabajo en TT, la agencia sueca de noticias. Un amor que varias veces estuvo a punto de pasar por la vicaría, como en 1983, cuando la pareja se compró dos alianzas con los tradicionales nombres grabados en su interior.
Gambito de rey
En 1999, Larsson, amante del ajedrez, inició un arriesgado gambito de rey: dejó su trabajo en la agencia y se centró en su combativa revista. Hacía dos años que había comenzado el relato de un anciano que recibe una flor cada Navidad. En 2004, aquella historia volvió a su cabeza: nacía «Millennium». El título provisional de la saga era «Los hombres que odiaban a las mujeres». Las ediciones francesa y española prefirirían el «que no amaban».
«Millennium», tal y como se desprende del libro de Gabrielsson, es la vida de Larsson y de Eva, los lugares que frecuentaban, la gente que conocían. Paisajes y figuras de la saga son a menudo homenajes (o todo lo contrario) a las personas que se cruzaron en su camino. Reflejo de sus intensas y variadísimas lecturas.
Larsson, entre fogones
En la primavera de 2004, la editorial Norstedts decide publicar «Millennium». Comenzaba la época más maravillosa para la pareja. Larsson, incluso, deja los sandwiches y la pizza, y se aplica a los fogones los fines de semana cuando Eva vuelve de su trabajo lejos de Estocolmo. Pero la batalla más hermosa acabó en derrota. Era un martes 9 de noviembre de 2004. Un ataque al corazón acababa con la vida del escritor. Su obra, uno de los fenómenos editoriales más importantes de los últimos años, estaría en las librerías en unas semanas.
A Eva le quedaba sobrevivir. Y recordar aquellas palabras de una lejanísima carta de Stieg de 1977, escrita en Addis Abeba, muy enfermo, mientras realizaba una extraña y peligrosa misión: «No me olvides, pero sigue viviendo. Vive tu vida. Vive en paz, mi amor, vive, ama, odia y continúa luchando...»







