Rafa Nadal echa la vista atrás y comprueba que no ha ganado nada en 2011, intacto su museo de trofeos desde que en octubre del pasado año mordiera el de Japón. Quiso ser único en Australia, factible la posibilidad de enlazar los cuatro grandes, pero se ofuscó en enero entre sudores, gripes y roturas de fibras. Recuperado un mes después, presente en la cita de la Davis con España en Charleroi, ha alcanzado dos finales en la gira americana, un pellizco porque defendía semifinales tanto en Indian Wells como en Miami. Sin embargo, se ha quedado a mitad de camino y ahora ve cómo galopa Novak Djokovic, una amenaza real porque está a 3.170 puntos ya que con su triunfo en Crandon Park le ha recortado 750 a Nadal.
Hay tierra a la vista y eso alegra la vida del número uno. Para empezar, Montecarlo, pista talismán porque ahí cambió todo en 2010 después de pasarse una larguísima travesía por el desierto. Lloró en su celebración después de arrollar a Fernando Verdasco porque era consciente de lo que suponía ese triunfo, cuestionado por muchos que vaticinaban el fin de sus tardes gloriosas.
Montecarlo arranca la semana que viene, con lo que desde ya toca adaptarse a la arcilla una vez aterrice la expedición. Luego vendrá su reencuentro con Barcelona, el Mutua Madrid Open, Roma y Roland Garros, segundo grande de la temporada. Como lo ganó todo, en su trinchera defiende 5.000 puntos por los 900 de Djokovic. Roger Federer, a lo lejos porque ya está a más de mil del balcánico, luchará contra los elementos y los chascarrillos.
El invencible Djokovic fue semifinalista en Montecarlo en la última edición, y cuartofinalista en Roma, Belgrado y Roland Garros. Está por ver si su dominio se extiende a la tierra, en donde nadie osa a discutir con Nadal.







