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El día que Stieg Larsson se desplomó dejando huérfana e inconclusa una de las más exitosas sagas de novela negra de las últimas décadas, su compañera Eva Gabrielsson se impuso una meta: sobrevivir un año. "Hoy la palabra que trazo con serenidad es vivir", escribe ahora en "Millennium, Stieg y yo" (Destino; Columna), libro de memorias y recuerdos en el que la compañera y confidente del autor de "Los hombres que no amaban a las mujeres" abre unas cuantas ventanas al pasado para poder cruzar definitivamente el umbral del presente.
«Tienen suerte de que Stieg haya muerto, porque habría sido un gran obstáculo para sus negocios»
"Me ofrecí a terminar el cuarto libro y entregárselo a la familia, pero ahora me doy cuenta de que no fue buen idea. Me habría convertido en la escritora fantasma de los libros de Stieg Larsson, y detrás de mí hubiesen llegado otros escritores fantasma —explica Gabrielsson, de paso por Barcelona para presentar "Millennium, Stieg y yo"—. El éxito hubiese llevado a la familia a querer más y más y al final de Steig solo quedaría su nombre, algo que sería una pesadilla para cualquier escritor".
La pesadilla, de hecho, ya ha comenzado. O eso es lo que cree Gabrielsson, para quien el uso el uso y abuso que se está haciendo del escritor sueco solo contribuye a ensombrecer su esencia. "A medida que la imagen de Stieg se va explotando su esencia se diluye. Al final sólo quedará el nombre, la marca Larsson", advierte antes de lanzar un nuevo órdago a la familia de escritor. "Tienen suerte de que Stieg haya muerto, porque habría sido un gran obstáculo para sus negocios. Ahora sin embargo, tienen una autopista libre de obstáculos", sentencia.







