Con 29 años, era una de las tres personas autorizadas para aprobar ejecuciones en Poznan
El momento exacto del comienzo de esta relación no está clara, pero los documentos desclasificados hacen referencia a que ya en 1946 estaba bajo la protección de la CIA y de que, en 1947, había recibido ayuda de esta para que no fuera juzgado por sus matanzas y enviado a prisión en Gran Bretaña.
Hasta llegar a ese punto, Theodor Saevecke había protagonizado una carrera meteórica dentro del Nacional Socialismo. Con 16 años entró en la «Rossbach Freikorps», una organización paramilitar de adolescentes conocida por aterrorizar a los ciudadanos de la República de Weimar. Poco después ingresó en el Partido Nazi y, en 1940, con 29 años, ya era una de las tres personas autorizadas para aprobar las ejecuciones de polacos, rusos, gitanos y judíos en el campo de concentración de Poznan.
Perfeccionando el exterminio de judíos
Cuando fue capturado, no mencionó su responsabilidad en la matanza de judíos
Sin embargo, cuando Saevecke fue capturado a finales de abril de 1945 por soldados estadounidenses, se cuidó de no mencionar su responsabilidad en la matanza de judíos, pero no dudó en contar episodios como el de la Plaza Loreto, asegurando que estaba justificado asesinar a combatientes de la resistencia italiana, a los que consideraba comunistas.
Haciendo oídos sordos a sus informes, fue en este punto cuando Saevecke quedó bajo la protección de la CIA, que lo reclutó para dirigir sus operaciones en Berlín. Los documentos oficiales le atribuyeron pronto logros importantes a la hora de combatir la influencia comunista en la ciudad, obviando todo su pasado criminal: «Saevecke todavía anhela volver a los días en los que el partido (nazi) se encontraba en activo», escribió uno de sus controladores, que después anteponía el hecho de que era el único miembro de su equipo «con experiencia en inteligencia práctica» y «comprensión de los objetivos estadounidenses».
La inmunidad de Saevecke, a prueba
La CIA sabía que Saevecke había estado involucrado en crímenes de guerra
Los servicios de inteligencia de Estados Unidos sabían sin duda que este antiguo oficial de las SS había estado involucrado en crímenes de guerra. De hecho, en 1950, la CIA en Karlsruhe informó a Berlín de que había sido jefe de la «SIPO» y la «SD» en Milán, y de que había estado «involucrado en el reclutamiento de judíos para realizar trabajos forzosos», algo que no fue inconveniente para que continuara siendo un agente activo de Estados Unidos, como demuestra otro informe de agosto de 1951: «Está agradecido de que le hayamos proporcionado una oportunidad de llevar una vida digna, en una posición similar a su antiguo puesto de trabajo».
Pronto Saevecke se convirtió en una bomba de relojería para la CIA, que no dudó, sin embargo, en introducirlo en un puesto de autoridad de la Oficina Federal de lo Criminal (BKA). Esto obligó al jefe de la CIA en Berlín, amenazado por el desprestigio que suponía apoyar a este exoficial de las SS, a escribir a sus superiores un poco a la defensiva: «Saevecke rechaza todas las atrocidades que se ha cometido, y las minuciosas investigaciones de los aliados no han logrado apuntalar los cargos en su contra», aunque añadía que todavía se negaba a pedir disculpas por su duro trato a los partisanos italianos.
Cadena perpetua
El exoficial de la SS soportó varias investigaciones por su matanza de partisanos, sobre todo a petición de las autoridades italianas, aunque logró estar en activo hasta bien entrada la década de los 60, gracias al empeño de la CIA en ayudarle: «Si su pasado es de alguna manera justificable, se pasarán los informes a los alemanes occidentales con nuestra opinión de que es políticamente conveniente», decían los informes internos.
En 1999, el tribunal militar de Turín, por fin, condenaba a Saevecke cadena perpetua por el fusilamiento de 15 miembros de la resistencia italiana en 1944: la famosa matanza de la Plaza de Loreto.