CALIFICABA Azaña a los políticos de su tiempo como «ahitos de pedantería, vacíos de sindéresis», cuando la izquierda utópica tendía a la eliminación de la condición personal del hombre y a la deificación del Estado; y añadía don Mariano que lograba más adeptos «un cartelón truculento que un razonamiento perfecto». En aquellas estábamos, en estas estamos. Ahora hemos superado pamfletos y cartelones, pasquines, grafitti y pancartas, argumentos de pegatina y spot, estamos pasando ya de tertulianos y voceros, de comunicadores y mitineros. Ya no hay campanas que toquen a rebato. Ahora disponemos de armas de comunicación masiva. Las primeras fueron los móviles, que algunos utilizaron para convocar a sus convictos ante las sedes del PP con un grito unánime por consigna:¡Asesinos! Antes, se había hecho una prueba exitosa con el chapapote del Prestige, que tanto dio de si a los ecologistas domingueros. Fueron argumentos de muchedumbre, no lo olvidemos. Fue cosa de Rubalcaba, con esa lengua de faca, facciosa y amotinada, corrosiva y torticera a la vez que almibarada, que en estrategia de erizo, se esconde a la vez que ataca...
Pues corremos tiempos vulnerados y excesivos, tergiversados, a calcetín vuelto, de gerifaltes adobados con las gachas del erario a quienes pasamos de curso a cambio de jubilaciones anticipadas, de «pers» de campo o culturales, que aquí el que llora mama, al que pide se le da, al que más tiene se le premia con un «bonus», al que menos se le da ocupación en las listas del paro... y no sigo porque el etcétera sería larguísimo.
Porque si la igualdad siempre fue utópica, ahora se impone por decreto, ahora la certeza es ambigua, las verdades son simulacros, los géneros son paritarios, las mujeres cuotas, que hasta ha tomado carta de naturaleza contraria uno de los eslóganes de mayo del 68: el «Prohibido prohibir. Fume usted y verá... Ya hemos visto cómo llevan la lengua a la escuela y acaban con ella, perpetrando hostilidades con ella, como con ella financian su identidad; la disidencia, esa deriva soberanista, que apenas era un conato, ahora es legal, estatutaria; los referendums, antes solemnes, son ahora furtivos; ya no hay Historia de España, valgan la crónica local y la hoja parroquial, sean franquiciados los retranqueos. Cualquier día volverán los «puertos secos» aquí y allá. Dentro de poco van a cambiar concejales y diputados —cada vez las vallas son más bajas y se las saltan todos— para que todo siga igual. Subirán a la tribuna a leer papeles, sin medida y sin tasa; cualquier día subirán con los tomos del Espasa; se sacarán los trapos sucios, se las cantarán a las claras; mientras, los sufridores en casa estamos siempre a lo que estamos, siempre a verlas venir.
En un libro de reciente aparición —«Aprendiendo a ser padres»— su autor dice que la inteligencia es «la capacidad de anticipar la incertidumbre», y que «el conflicto resuelve la situación previa». Ahí está la anticipación de ese joven egipcio que con su «facebook» ha revolucionado el Mediterráneo, resolviendo las situaciones previas...
Decía de la fuerza desbocada de los nuevos medios de comunicación masiva. Digo ahora que si antes eran los polvos los que traían los lodos, ahora serán las ondas las que traigan las certidumbres, antes de que nos impongan la libertad como precepto. Al menos, que nos dejen elegir: o Guardiola o Mourinho.






