Galicia

Galicia / fragua histórica

Belenestebanización

Día 29/04/2011

UN nuevo paradigma. Una nueva hipérbole de la política, o de los términos discursivos por los que se despeña la acción política. Lo ha empleado un diputado del partido popular frente a la forma de ejercitar oposición de los socialistas gallegos. Acusaciones, reproches, descalificativos hacia la Xunta son, una vez más, el santo y seña, el guión de actuación de la oposición socialista al gobierno de la Xunta. En el fondo la trama de ayudas otorgadas por el bipartito al sindicatos Unións Agrarias. Establecer o no una comisión de investigación parece ser el delito, el atropello, el no va más del abuso de poder. Y esto sucede en un país donde la cultura de la democracia participativa, de la exigencia de responsabilidad, de la creación de comisiones objetivas, serias, rigurosas e imparciales, brilla simplemente por su ausencia. Poco importa que la investigación sea política o parlamentaria o burocrática administrativa. A los investigados les parece una vendetta, una persecución.

Nadie acepta siquiera la posibilidad de tal investigación. Somos así, hercúleos gigantes de barro que desde la atalaya omnisciente de la soberbia y el poder, recte, de la utilización del dinero público, lo gastamos como nos place y no damos explicaciones. Algo que es recurrente, gobierne quien gobierne, licite quién licite y se contrate como se contrate. Somos país corrupto, donde la corrupción aun no estando bendecida sí es tolerada por una sociedad sumamente cainita y complaciente con la misma. Pero nos gusta el corrupto triunfador, no el pobre, el que acaba en la cárcel. Fiscalizar los fondos, el gasto público es una mera entelequia, como también lo es en el fondo el control ex post por los tribunales específicos, que trabajan bajo unas premisas ya realizadas y ejecutadas y demasiado tarde. Comprometidos los gastos, todo lo demás es deshacer ataduras insondables.

Hace falta seriedad política, sencillez y coherencia. Un poco de humildad y honestidad ante una indomeñada clase política, lisonjera y poco preparada. El ejemplo es lamentable, bochornoso. Esperpéntico en ese callejón de los espejos valleinclanianos. La imagen distorsionada es real, porque esta forma de actuación política es así. Es la talibanización de la misma cuando no hay ideas, valores, discursos, proyectos. Solo el insulto y el despropósito, la acusación falaz y mendaz, el revanchismo o la persecución parecen abrirse paso. Es este un lodazal que nos aflige, devora y sume en la pasividad más espasmódica.

No, no fue acertada la expresión de «belenestebanización» de la política por parte del diputado popular, ni tampoco la reacción airada y caprichosa de la bancada socialista. Hemos llegado a esto porque hemos querido, porque lo hemos tolerado y porque la clase política está ayuna de reflexión y autocrítica. Porque la estrategia es crear cortinas de humo, que no se investigue nada, que no se critique nada, porque de hacerlo todo parece una ínfula personal y un atentado contra la dignidad de quiénes son los primeros en mancillarla y autoinmolarse en la medianía, en la mediocridad. Es tiempo de elecciones, tiempo donde una vez más, todo vale, también la estupidez y el cainismo político.

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