El ajuste de personal y el cierre de oficinas es el peaje a pagar por todas las entidades financieras que quieren acceder a la reestructuración financiera. Y Bankia, la entidad de mayor tamaño resultante de una fusión de cajas, es su mejor exponente: hasta el primer trimestre de 2011 ha reducido en 1.700 personas su plantilla y ha echado el cierre a 280 sucursales. Y eso es sólo la mitad de lo previsto.
Precisamente, los ajustes han sido una de las claves de las primeras cuentas presentadas por Banco Financiero de Ahorro (BFA), matriz de Bankia, este año. Las ganancias ascendieron a 195 millones, un 15,6% frente al resultado proforma del mismo periodo de 2010. Sin embargo, todos los márgenes han registrado fuertes caídas y el resultado de la explotación disminuye un 43,5%. ¿La explicación? Los beneficios incluyen 118 millones de plusvalías por las ventas de participadas y oficinas, los gastos han sido menores debido al levantamiento de la provisión de 153 millones al cancelarse el bonus a la antigua dirección liderada por Miguel Blesa, y el ritmo de provisiones también ha disminuido.
Aún así, buena parte de los ingresos no recurrentes se han destinado a engordar las provisiones, que ascendieron a 413 millones por deterioro de activos financieros. Tendencia al alza siguieron el «core capital», que creció 24 puntos básicos, hasta el 12,3%, y la mora al 6,68%. En una presentación marcada por la prudencia del portavoz de Bankia, la nota crítica hacia al Gobierno vino por la nueva norma que castiga los superdepósitos: «Distorsiona la competencia porque favorece a las entidades extranjeras frente a las nacionales», sentenció.







