El siglo XXI engulle al romanticismo y recuerda a Roland Garros que se está quedando viejo, que necesita un cambio. Es un torneo coqueto, muy francés, pero todavía no tiene pista cubierta, se juega siempre pendiente del sol y los horarios van en función de la luz natural. Un precioso día de mayo, en 1928, se inauguró el estadio Roland Garros y las instalaciones se preparan para un lifting pese a las manifestaciones y la ruidosa cacerolada del jueves a las puertas del recinto. Los ecologistas no quieren una remodelación porque se adentra en el Bois de Boulogne.
A Roland Garros se lo querían llevar de París, pues numerosos proyectos apuntaban a otros destinos. Fueron veinte propuestas y al final la Federación Francesa de Tenis decidió que los Internacionales de Francia no se movían. Entre los cuatro finalistas, apostó por renovar el actual torneo y mantenerse en la capital, siendo ganador el proyecto realizado por Michel Corajoud y Marc Mimram (dos tercios de los 200 votos). Ya se trabaja y para 2016 se espera un Roland Garros acorde a los tiempos del futuro, tremendamente satisfecho el alcalde de París porque así se mantiene un trozo de la historia del deporte.
Actualmente, Roland Garros cuenta con 8,5 hectáreas y en 2016 verá ampliado su extensión en un 60 por ciento hasta alcanzar las 13,5 hectáreas, aunque seguirá siendo el más pequeño de los cuatro grandes. Además, entre otras cosas se construirá una nueva pista que dará cabida a 8.000 aficionados y la Phillippe Chatrier será completada con una cubierta retráctil que servirá para cubrir la pista en caso de lluvia. Todo por 273 millones de euros, presupuesto establecido para el proyecto.
Los ecologistas se revelan porque las obras obligarán a eliminar cerca de 5.000 plantas de los Invernaderos de Auteuil y afectan al Bois de Boulogne. Además, se utilizará parte del estadio Georges Hébert, lo que hará que Roland Garros se vea dividido en dos partes. A pesar de la oposición, París seguirá siendo grande.







