A. M.
Sin duda el día festivo en la Comunidad de Madrid y en toda Castilla-La Mancha hizo que Toledo rebosara ayer de ambiente y espíritu humano. Y eso es de agradecer, porque la fiesta del Corpus Christi es también, junto con el imprescindible sentir religioso de la procesión del Cuerpo y la Sangre de Cristo por las calles entoldadas, ese acompañamiento masivo de fieles, visitantes o simplemente curiosos. Con estos ingredientes, el ambiente multitudinario hizo del jueves del Corpus de ayer uno de esos jueves que relucen más que el sol en el calendario litúrgico español. Como debe ser.
Ya en la víspera, en la noche anterior, la riada humana fue de impresión, una opinión compartida por cientos de toledanos que no recordaban una antesala de la fiesta tan concurrida. Incluso en horas de la madrugada transitar por las calles para hacer el clásico recorrido procesional suponía todo un reto. Las calles profusamente engalanadas con un gusto cada vez más exquisito es todo un placer para los sentidos, lo que hace del Corpus toledano una fiesta principal. No en vano es de Interés Turístico Internacional.
Algunos cálculos municipales apuntaban a que ayer en el Casco Histórico se agolparon alrededor de 100.000 personas para presenciar una procesión cuyos prolegómenos comenzaron a las ocho de la mañana con las las bombas reales. Con las calles ya con el romero y el tomillo, a las diez dio comienzo la misa pontifical del Corpus en rito mozárabe, oficiada por el arzobispo, primado de España, Braulio Rodríguez Plaza.
En la homilía resaltó «la fuerza de la eucaristía» que se despliega en la fiesta del Corpus Christi, y ha abundado en el significado de esta liturgia. Fue en la celebración del Corpus Christi del año pasado cuando Braulio Rodríguez ofició por primera vez desde que llegase al Arzobispado este rito mozárabe, después de que el Papa Benedicto XVI le reconociese como superior mayor. Y ha sido en su segundo Corpus donde ha explicado que esta jornada se puede celebrar «en la hermosa y bien ponderada liturgia romana, el día del Corpus el domingo, o en la liturgia hispano-mozárabe que nos llega tan dentro». Rodríguez Plaza recordó que este rito ha sido guardado «con amor en Toledo y otros lugares de nuestra patria, para ofrecerla como tesoro a cuantos en España quien celebrarla bien y con profundidad. Hoy jueves celebramos en Toledo la eucaristía que su riqueza nos deja tanto gusto que la prolongamos en la gran procesión con la custodia, esperada cada año con nuevo deseo y entusiasmo. Este regusto eucarístico se celebra en la ciudad hasta la celebración del Corpus el domingo próximo. La eucaristía del señor da para mucho», dijo.
Alrededor de las once, el magno cortejo empezó a salir de la catedral primada para hacer aparición por las intrincadas calles, engalanadas de forma primorosa con tapices, mantones de manila, reposteros, flores, guirnaldas y cubiertas con los típicos toldos. La comitiva, tras llegar a los Cuatro Tiempos, se encaminó hacia la Plaza Mayor, Martín Gamero, Comercio y Plaza de Zocodover, donde el arzobispo, entre vivas al Santísimo Sacramento, ha asegurado que «la caridad y la opción preferencial por los pobres constituyen una de las actitudes fundamentales recomendadas a los cristianos en su vida social».
Banda de la Academia
Tras la bendición bajo el Arco de la Sangre, la custodia de Arfe emprendió de nuevo camino hacia el templo Primado, adonde llegó al filo de las 14.00 horas. A modo de despedida, la Unidad de Música de la Academia Militar de Toledo volvió a interpretar el himno nacional, como a su salida. En esta ocasión, de nuevo sólo el jefe de formación sí ha levantado el sable a modo de saludo, todo ello en medio de salvas reales.
Poco después, el arzobispo toledano, ante la Puerta Llana de la catedral, despidió a buena parte de los participantes en el desfile procesional, el más multitudinario de los últimos años.






