Nervios, expectación y confianza en el trabajo realizado. El gran día se acerca y la suerte está casi echada. El cronómetro se ha puesto ya en marcha hacia las 17.00 horas de mañana para Burgos y Segovia en sus aspiraciones de ser Capital Europea de la Cultura en 2016. La voz de Manfred Gaulhofer, presidente del Comité de Selección, resonando por el auditorio del Ministerio de Cultura dando a conocer la elegida se espera con impaciencia en las dos ciudades castellano y leonesas, que compiten y comparten sueño europeo con Córdoba, San Sebastián, Las Palmas y Zaragoza, las otro cuatro aspirantes que el pasado septiembre pasaron el primer corte.
Hoy comienza la prueba de fuego, la exposición final por parte de las seis seleccionadas del proyecto ante un jurado que desde hace semanas tiene las ilusiones plasmadas en papel en su poder y que también comprobó sobre el terreno los anhelos europeos que inundaban las calles de las candidatas.
Pero no todo está dicho aún. Burgos y Segovia guardan con celo en sus mangas algún que otro as con el que sorprender hoy (en el caso burgalés, que abre el turno de intervenciones) y mañana (en el segoviano, la penúltima en subir al estrado) al jurado y que 2016 marque un antes y un después en la vida de sus ciudades. Su impacto económico lo conoce bien otra capital castellano y leonesa como Salamanca. 2002 fue especial y allí se recuerda aún los 800 millones de euros y los más de dos millones de visitantes que la Capitalidad Europea de la Cultura arribó hasta las orillas del Tormes.
Ser elegidas y compartir protagonismo cultural con la ciudad polaca de Breslavia en 2016 es un sueño por el que pelean y en el que están inmersas desde hace unos años y eso se ha dejado notar ya en el panorama cultural de ambas ciudades.
La candidatura ya ha R-evoluciado Burgos y a los burgaleses, que se han volcado en este proyecto demostrando que la ciudad es mucho más que tres elementos declarados Patrimonio de la Humanidad, valor que ninguna otra rival tiene.
R-evolución es el lema oficial de la candidatura y los burgaleses se han convertido en «R-evolucionarios» y lo han lucido de forma multitudinaria en actos de lo más variado, demostrando la adhesión de todos los sectores a esta iniciativa y haciendo de la participación una de sus principales bazas.
Las camisetas rojas con la R oficial llenaron el polideportivo del Plantío durante la fase de ascenso del Autocid a la liga ACB de baloncesto. Cientos de jóvenes bailaron con ella la jota burgalesa en el Festival de Folclore de las Marzas y, ayer mismo, la plaza de toros de la ciudad en plenas fiestas de San Pedro y San Pablo se vistió de rojo en apoyo a la R-evolución. Incluso los miembros del jurado internacional en su visita a Burgos en el mes de mayo tuvieron la oportunidad de participar frente a la Catedral en un taller de creación de estas camisetas y se dejaron seducir por la fuerza de la R-evolución en sus valoraciones. Así lo reconoció el propio presidente del jurado, Manfred Gaulfhofer, quien describió la candidatura burgalesa con dos letras: «c» de convencido y «r» de proyecto realista.
Dos letras para resumir un proyecto elaborado sobre el enorme potencial cultural de Burgos, que cuenta con tres elementos declarados Patrimonio de la Humanidad —la Catedral, el Camino de Santiago y los yacimientos de Atapuerca— que se proyectan en la propia capital burgalesa en el Museo de la Evolución Humana.
Pasado presente
Partiendo de esa base, la Fundación Burgos 2016, bajo la dirección artística de Mary Miller, ha apostado por R-descubrir el legado cultural y R-einventar la ciudad bajo parámetros culturales en un compendio de pasado, presente y futuro capaz de reunir innovación, tradición y proyección. En este sentido, Burgos aporta a la candidatura no solo la historia y el patrimonio sino también la apuesta por la cultura de vanguardia que puede verse en el Museo de Arte Contemporáneo, CAB, o se escucha en el Centro de Creación Musical El Hangar».
Ciudad Patrimonio de la Humanidad y escenario de un prolijo y arraigado calendario de actividades culturales al que se van sumando más cada año, Segovia no se conforma y quiere ir más allá. 2016 es la excusa y el enganche perfecto al que se quiere agarrar para que el turismo que tan bien conoce «se extienda a todo el año y esté también asociado a la actividad cultural» y tenga en la industria creativa un motor cultural que ya ha comenzado a mover los primeros engranajes con proyectos novedosos de creación artística como La Cárcel —en el reconvertido presidio— y el Palacio de Quintanar, advierte la directora de la Oficina Segovia 2016, Nuria Preciado.
Porque 2016 no es el final de la carrera, sino una «meta volante» más en el desarrollo cultural que se quiere impulsar y que ya ha ido completando con éxito etapas. Ganarse la confianza y, sobre todo, la ilusión y participación de la ciudad fue el primer triunfo que sigue acompañando cada vez con más fuerza. Los miles de molinillos con el logo de Segovia 2016 inundando las calles de la ciudad del Acueducto para recibir al jurado o la participación masiva en la Noche de Luna Llena es una prueba más de la implicación de los segovianos en el proyecto, cuya bandera ha viajado por todo el mundo con sus embajadores como Perico Delgado o Ouka Lele, escalando las cumbres más altas de la mano de segovianos y acompañado a los equipos deportivos.
Y es que Segovia, la más pequeña de las candidatas, apunta alto y no ve en sus dimensiones un freno, sino una singularidad que ha tratado de explotar. La Luna es su referente y su símbolo. «Sin Segovia no Luna» marcó hace cinco años este viaje de ilusiones compartidas calificado como «inusual» por el jurado en sus visita.
Cuatro patas sustentan el proyecto final que mañana desvelarán: «Konexiones», destinado a conectar Segovia con el resto de Europa; «Paisajes», centrado en la relación con el entorno natural —valor que destacó el presidente del jurado, Manfred Gaulhofer—; «Convergentes», que busca la colaboración entre la empresa y el arte, y «Bravo!», centrado en la innovación social.








