Matrix, Avatar y Origen le deben bastante a Yasutaka Tsutsui; también la obra de escritores como Haruki Murakami y Banana Yoshimoto, que lo consideran su maestro. Ahora, con Paprika, el autor de Hombres salmonela en el planeta Porno y Estoy desnudo vuelve a desplegar su mejor arma. La ironía.
En esta novela, usted convierte a la doctora Chiba, investigadora psiquiátrica candidata al Nobel, en Paprika, un avatar que penetra en los sueños de los pacientes. Pero «Paprika» no es solo ciencia ficción.
Cuando escribo no me paro a pensar en el género, aunque es evidente que la idea original de Paprika se puede considerar ciencia ficción. Estoy seguro de que todos los escritores que se dedican a la ciencia ficción trascienden el género y se fijan como objetivo un aspecto filosófico o vanguardista, ya que es un género que, en su origen, incluye esos dos elementos.
«Las naciones con alto nivel cultural y buena literatura son afortunadas y alegres, como España»
En el caso de Paprika, por casualidad, se entrelazan con éxito esos tres elementos. Hay obras que contienen dos de ellos, a veces uno, o incluso ninguno. En la novela que estoy escribiendo en estos momentos no hay ninguno de los tres ingredientes. A veces creo que tengo que escribir libros que se aparten de los conocimientos de los que presumo; eso quiere decir que a veces debo desprenderme de mi propio yo.
La primera cena de Jonathan Harker en Transilvania fue un plato de «paprika». ¿Su protagonista se llama así en honor a «Drácula»?
No, no tiene nada que ver con Drácula, y sí con la camiseta roja que lleva la protagonista. El nombre lo saqué, literalmente, de la «paprika», el pimiento de color rojo intenso.
Su novela es de 1993; anterior, por tanto, a películas como «Matrix», «Avatar» y «Origen». ¿Se considera un pionero?
Aunque es verdad que fui uno de los pioneros en Japón, también lo es que en ese tiempo aprendí mucho de la ciencia ficción que se hacía en Estados Unidos en la edad de oro del género. Actualmente, suelo tener la impresión de que no pocas películas estadounidenses han tomado prestadas ideas de mis obras.
Asegura usted que apenas ha leído literatura clásica japonesa; sí, en cambio, a los autores del realismo mágico.
Es cierto que no he leído las obras clásicas de la literatura japonesa, pero sí he sacado muchas ideas del kabuki, un género teatral clásico de Japón. También me he inspirado en gran medida en el realismo mágico. Me he dado cuenta de que lo que he venido haciendo se parece a la literatura latinoamericana.
Directores, guionistas y dibujantes han adaptado «Paprika», de Tsutsui
El estudio y la formación como actor me sirvieron a la hora de escribir novelas. Lo que pasa es que, al ser de Kansai, tenía un acento que no lograba quitarme, así que renuncié a seguir ese camino. Pero, bien mirado, creo que el estudio y la formación me fueron muy útiles en los trabajos que emprendí. Todas las experiencias que he tenido desde que nací me han servido para escribir novelas.
Combina la literatura con la crítica, el teatro, la televisión. También es músico de jazz. ¿Dónde se siente más cómodo?
Por supuesto, donde más cómodo me siento es en el mundo literario. En él no surgen las discordias propias del trabajo en común y no hay nadie que te incordie. Ahora bien, creo que esa felicidad va a provocarme una arterioesclerosis.
De usted se dice que es uno de los grandes narradores japoneses contemporáneos, que su magisterio ha dejado huella en autores como Haruki Murakami y Banana Yoshimoto. «Gurú de la metaficción», lo han llamado también.
No soy yo quien acuñó esa expresión aplicada a mi persona. Si al final se fija esa forma de llamarme, habrá que trabajar activamente para desprenderse de ella. Quizá lo ideal sería que dijeran que «Yasutaka Tsutsui siempre fue fiel a Yasutaka Tsutsui».
«Tengo que escribir libros que se aparten del conocimiento del que presumo»
Las naciones que cuentan con un alto nivel cultural y una buena literatura son todas muy afortunadas y alegres. En España, por ejemplo, nació Miguel de Cervantes, el padre de la novela moderna, y también mi amado y respetado Vicente Blasco Ibáñez. Además, es el país donde se fundó Loewe, la firma que más le gusta a mi mujer en la actualidad. Es atractivo en muchos aspectos. Realmente es un país muy alegre.
La tragedia parece empeñada en cebarse con Japón. Después del último terremoto y del desastre en la central nuclear de Fukushima, ¿sigue creyendo que la vida es una ópera bufa?
Desde hace mucho tiempo he venido diciendo que la existencia es un gran escenario cómico y que los seres humanos somos meros personajes que interpretamos una obra bufa, pero el hecho es que Japón está viviendo ahora una auténtica tragedia, aunque en cualquier tragedia hay una comedia; al menos esa es mi postura literaria. En medio de la mayor crisis que hemos sufrido en el país, los políticos, movidos por la codicia, se pelean y no piensan más que en el interés de su propio partido. Esta es, precisamente, la astracanada en estos momentos. Yo vivo en Kobe, así que he experimentado en carne propia ese tipo de catástrofe, y sé que cuanto más trágica es la situación, más feliz se siente uno al salir de ella y recuperar la normalidad. Es un sentimiento reconfortante que no podrán tener quienes no hayan pasado nunca por algo así.





