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Brasil
4
Ecuador
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La pantomima del "Jogo Bonito" irá ligada a Brasil hasta que a Italia se le quite de encima lo del "Catenaccio". O sea, siempre. Son expresiones adquiridas que pocas veces hacen justicia a lo mostrado en el campo, pero que siguen latentes. La Brasil de hoy en día tiene la camiseta, la alegría y el talento para mostrarlo, pero el resultado depende, como siempre, de lo que elijan sus cabezas. Ante Ecuador, eligieron jugar.
Y si hablamos de jugar al fútbol, permítanme empezar esta crónica por Ganso. Espigado, indolente, disperso, pero con la capacidad innata para manejar todo lo que suceda de tres cuartos de campo en adelante, manejó el juego de Brasil. Probablemente hoy, cada crónica que lean, elogiará a Neymar, y su nombre volverá a sonar como fichaje del verano, pero él, como Pato, como Robinho, sin Ganso a su lado, vale menos.
Dicho esto, Brasil necesitaba ganar y ganó. Lo hizo sin grandes alardes, y utilizando su mejor arma: el contragolpe. Con una selección de Ecuador necesitada de una victoria, Brasil fue encontrando huecos poco a poco, hasta que en una jugada sin aparente peligro, André Santos puso un centro medido para que Pato cabeceara a la red el 1-0.
Minutos más tarde, llegó la empate en forma de homenaje. Y no precisamente de Caicedo, que bastante hizo con rematar a puerta, sino de Julio César, que emulando a Green, dejó escapar el balón por debajo de su cuerpo, permitiendo a Ecuador soñar con el pase a cuartos. No sería el final de sus favores, ya que tras el empate de Neymar al poco de comenzar la segunda mitad, Caicedo se revolvió en el área y sacó un disparo seco que el portero del Inter acompañó con la mirada. 2-2.
Con el empate, florecieron Ganso y Maicon. El agua y el aceite. La clase y la fuerza. El mejor modo de unir el brasil setentero con el fútbol moderno. Gracias a ellos llegaron los dobletes de Pato primero, remachando un rechace en el área, y de Neymar después empujando a la red un centro de Maicon desde la derecha. Partido sentenciado.
De ahí al final, Ecuador lo intentó, pero demostró que poco queda de la generación que tan buenos papeles hizo en los Mundiales de Corea y Alemania, y Brasil, relajada, jugó con la mente puesta en el partido del próximo domingo ante Paraguay.
Dicen que Brasil, con el paso del tiempo, ha ido adquiriendo vicios italianos; pasar renqueante las primeras fases para a partir de cuartos, despegar. Italia, por su contra, ha heredado poco del «Jogo Bonito». Y es que me temo, que tanto una cosa como la otra, al igual que los balones Mikasa y los campos de tierra, están en desuso.







