En Vídeo
En imágenes
Hace unas semanas tuve el placer, y no les negaré que puse en ello mucho empeño, de explicarles cómo funcionaba el ingenioso sistema que utilizan los mejores equipos de la F1 para ganar adherencia, «grip» en jerga técnica, en el momento de la frenada, en el que el motor, que debiera cortar los gases, se convierte en un compresor y los produce. Difusor soplado, ese es el nombre que recibe el sistema.
El más eficiente y sofisticado es el de Red Bull, y hasta la fecha probado está que les ha dado una ventaja tan notoria que a mitad del campeonato Vettel podría estar casi cuatro carreras parado. Casi 100 puntos (86) acumula el joven alemán de 24 años sobre Fernando Alonso, que cumple 30 el día 29 de este mes.
Como ustedes saben, la FIA dictó una norma a partir del Gran Premio de Inglaterra por la que limitaba la eficacia del sistema del difusor soplado. Prohibía su funcionamiento en las frenadas y lo autorizaba en la aceleración aprovechando la combustión normal y cíclica del motor. Pues bien, queridos amigos, pasen y vean, siéntense y atiendan al sorprendente circo de la F1. La Federación Internacional dice Diego donde dijo digo y vuelve la situación a la más absoluta normalidad. En unas palabras: ¡que sople quien pueda frenando o acelerando! Ya no hay restricción.
Fernando Alonso y Ferrari nos entusiasmaron en Silverstone, al batir por primera vez en 2011 al intocable ingeniero Newey y al talentoso piloto Sebastian Vettel. Allí lo logró sin que el motor soplara cuando Vettel frenaba.
En el caso de que hubiera ganado Vettel, con la holgura habitual antes de la prohibición, les puedo asegurar que nadie hubiera ejercido de adivino si anticipaba el nombre del alemán Vettel como campeón del mundo. Si el vencedor hubiera sido Fernando Alonso, Ferrari habría hecho mucho más que un milagro tecnológico en su coche. Sobre la mesa, la incertidumbre del campeón.







