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Chris Froome (Nairobi, 26 años) tenía un plan: ganar en Peña Cabarga la Vuelta. Contaba con un bala. Tiró y casi; rozó la diana. Cobo resiste por trece segundos. Froome no contaba con eso. Lo confesó tras la etapa: «Para ser honesto, hasta ahora sólo pensaba en esta etapa como la manera de ganar la carrera». Inmediatamente, se ‘reseteó’. Y habló de su nueva estrategia: «Habrá que luchar por los sprints bonificados para ganar la Vuelta». Hay 6, 4 y 2 segundos de premio para los tres primeros de los sprints intermedios de cada etapa, y 20,12 y 8 para los mejores en la meta. Froome está convencido de que es la única llave que le queda. Tiene tres días para encontrar la cerradura.
El keniano es varios ciclistas a la vez: sólo Toni Martin pudo con él en la contrarreloj llana de Salamanca. Rodador, pues. Y ha sido tras Cobo el mejor en cada puerto, incluso tras desgastarse en favor de su líder inicial, Wiggins. Es decir, también vale para escalador. Sólo peca de lento. Alérgico al sprint. Y ahí, quizá, esté su talón de Aquiles. Aunque no se tacha: «Siempre ha sido mi sueño pelear por la general en una gran vuelta. Aunque no esperaba que fuera tan pronto». Ambicioso.
Líder sin bonificaciones
Si no hubiera bonificaciones en esta Vuelta, Froome sería el líder. Cobo ha arañado 52 segundos en ese premio extra; el africano, sólo los 20 de ayer. A Cobo le favorecen. Su equipo, el Geox, alentará la creación de fuga en cada una de las cuatro etapas que quedan. Que se vayan dorsales sin pelibro y que cosechen esos segundos. Al Sky, en cambio, le tocará controlar. «Lucharemos por las bonificaciones para que Froome sea líder», advierte Zandio, su gregario navarro. Ahora, el Sky ya no duda: Froome es más fuerte que Wiggins, su baza inicial. ¿Eligió mal la escuadra británica? «Es fácil hablar después de que ha pasado todo, pero lo que yo puedo decir es que he aprendido mucho trabajando estas dos semanas y media para Wiggins y me siento muy orgulloso de ello», dice Froome.
Y dijo Zandio en la ‘Cadena Cope’ que Froome es un tipo «excepcional». El generoso. El afortunado. Un niño en Kenia con bicicleta. El privilegiado. Hijo de blancos, de origen británico. Un colono que creció en la sabana de Kenia y luego en Sudáfrica. Allí, la bicicleta es para ir de un sitio a otro; no para competir. Las carreras son cosa de Europa. Un lujo lejano. De África no salen ciclistas, sino atletas. Es más fácil estar descalzo que tener una bicicleta.
Expulsado del Tour en 2010
«Me gusta viajar», asegura. Así es su biografía. Conoce bien Esapaña. Ha estado entrenándose en Navacerrada. «Es un buen país para explorar». Y se adaptó al ciclismo europeo en Italia, en el Barloword dirigido por Claudio Corti. A Italia llegó con su planta: alto, fino. Y sin cultura ciclista. Un aprendiz. Un chico sin problemas. «Decidí correr porque para mí era la mejor manera de ser feliz». Y punto. Le gusta recordar que si él, que nació en Nairobi, ha llegado a disputar el Tour y ahora la Vuelta, es que todo es posible. Corti le vio en la Vuelta al Cabo. Era un talento sin guía. Corría a lo loco. Decidió probarlo. Un contrarrelojista que subía montañas. Bien, bien. Froome dejó sus estudios de Económicas y se subió a una aventura en bicicleta.
Conoce el Tour y el Giro. Acabó en la plaza 84 el Tour 2008 y fue el 36 en el Giro 2009. En la decimonovena etapa el Tour 2010 acabó expulsado por remolcarse en una moto. Al escuchar esa versión, reacciona: «No podía casi pedalear porque tenía mal la rodilla. Iba ya veinte minutos por detrás del último grupo y decidí abandonar. Pero como el coche de mi equipo estaba en la zona de avituallamiento, le pedí a uno de los motoristas de la carrera que me remolcara. Me vio un juez-árbitro y me echó del Giro. Pero yo ya había decidido retirarme». Ahora, en su estreno en la Vuelta, está a 13 segundos de Cobo, el líder. Ayer le hizo tambalearse. No cejará. Froome es un apasionado y pedalea dentro de un sueño que casi ni se atrevía a soñar.







