En Vídeo
En imágenes
El asalto de Sacyr y Pemex en Repsol produce rechazo en el PP y tampoco agrada a Zapatero. Moncloa quiere que la nueva Comisión de Energía remozada por el ministro Sebastián actúe rápido y deje a salvo la responsabilidad del Gobierno socialista
Día 15/09/2011 - 14.41h
E n abril de 2003, a los pocos días de que Gas Natural lanzase su primera oferta hostil sobre Iberdrola, no confundir con la más célebre y controvertida de Endesa, el entonces vicepresidente económico Rodrigo Rato cortó por lo sano el intento de asonada en el mercado energético recurriendo por vía de apremio a la Comisión Nacional de Energía (CNE). La entidad supervisora se colocó en primer tiempo de saludo para ejecutar las órdenes del Gobierno abortando la OPA bajo el manido argumento de las actividades reguladas que, de una forma u otra, siempre se ven afectadas en este tipo de operaciones corporativas.
Antonio Brufau, a la sazón presidente de Gas Natural, está reviviendo ocho años después una pesadilla de similar naturaleza, pero esta vez en sentido inverso porque el ministro de Industria, Miguel Sebastián, ha decidido situarse de perfil ante el zarpazo con que Sacyr y Pemex pretenden hacerse con su presa de Repsol. En consecuencia, la CNE ha salido por peteneras asegurando de manera repentina que esta vez no existen funciones sometidas a su arbitraje y todo ello sin tener en cuenta ese teórico espíritu colegiado de decisión que da carta de naturaleza al consejo de administración de cualquier organismo regulador.
El nuevo titular de la Comisión, Alberto Lafuente, se ha lavado las manos como Poncio Pilato sin necesidad siquiera de mojar la palangana, provocando una especie de sortilegio que da mucho que pensar acerca de la teórica independencia que se le supone a su remozada institución. La CNE ha sido renovada hace sólo dos meses y a su máximo responsable le ha faltado tiempo para emprender una purga interna que, de momento, se ha llevado por delante a cuatro de los principales directivos que trabajaron antes y durante la etapa de Maite Costa. Todo sea por la sagrada austeridad de los difíciles tiempos de crisis, pero el sello presidencialista con que ha irrumpido Lafuente parece más bien un impulso de ordeno y mando dentro de la casa porque lo que se dice de puertas afuera es Miguel Sebastián quien dirige realmente los movimientos del ente encargado de velar por el sector energético.
La laxitud de la CNE ante la que se avecina dentro de la primera compañía petrolera de España ha sorprendido incluso a las altas instancias del Gobierno socialista. Los más suspicaces de Moncloa recuerdan, no sin cierta sorna, lo duro que puede resultar para el antiguo asesor presidencial tener que volver ahora a la Universidad despojado de púrpura y de gloria. Sebastián corre serio peligro de quedarse sin oficio ni beneficio en pocos meses y no estaría de más que con el tiempo y el transcurso de las incompatibilidades alguno de sus amigos pudiera ayudarle a reconducir su carrera después de todo lo que ha aprendido estos años al frente del ramo. El mercado energético tiene el estómago muy agradecido y lo mismo le da la carne que el pescado como se ha puesto de relieve con las últimas incorporaciones de Felipe González y Pedro Solbes a los máximos órganos de gobierno de Gas Natural y Enel respectivamente, sin olvidar por supuesto la colaboración de José María Aznar en calidad de asesor bien retribuido en Endesa.
Visto el percal, Brufau ha decidido que si la montaña no viene a Mahoma será Mahoma quien acuda a la montaña y ha solicitado a la CNE la apertura de un expediente que sirva para calibrar con base jurídica las consecuencias del acuerdo de concertación firmado por la constructora española y la multinacional estatal mexicana. Es lo mismo que ha ocurrido hace poco en Cepsa cuando IPIC, el fondo soberano de Abu Dhabi, adquirió la totalidad de las acciones de la compañía presidida por Santiago Bergareche. Esta operación tampoco supuso ningún cambio en las actividades reguladas porque el grupo árabe ya estaba en el capital de la petrolera desde tiempos remotos, pero no por ello la Comisión de Energía dejó de cumplir con su misión como entidad supervisora.
Si la CNE toma finalmente cartas en el asunto, la operación de Luis del Rivero y sus mariachis entrará en un compás de espera que puede resultar mortal de necesidad para los intereses del matrimonio de conveniencia formado por Sacyr y Pemex. El pacto entre los dos socios de referencia de Repsol tiene reminiscencias con otras operaciones de infausto recuerdo como la alianza de Acciona y Enel que propició el traspaso de Endesa a manos italianas. También recuerda en parte al intento de la propia Sacyr para derribar en 2004 a Francisco González del BBVA. Algunos hacen incluso comparaciones con los esfuerzos de Florentino Pérez para saltar el muro de Ignacio Galán en Iberdrola. Sin embargo, y teniendo en cuenta el rechazo que la jugada ha provocado en el Partido Popular, lo más probable es que la aventura petrolera de Rivero termine siendo algo así como la carrera del coyote por atrapar al correcaminos.