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Mucho ha llovido desde que, hace más de veinte años, una jovencita de melena rizada y sonrisa interminable sedujo al mundo encarnando a una prostituta con alma de princesa. Hablamos, por supuesto, de «Pretty woman»: «A esa película y a su director, Garry Marshall, les debo mi carrera. Ni más ni menos. Cada diez años volvemos a rodar una película, un poco como recuerdo y homenaje a esa maravillosa experiencia», recuerda la actriz.
Ahora, después de encaramarse a la cima de Hollywood, cobrar veinte millones por película (que no veinte dólares, como le vaciló su amigo George Clooney para reclutarla en «Ocean’s Eleven»), ganar un Oscar por «Erin Brokovich» y sufrir algunos altibajos a comienzos de siglo, la novia de América vuelve en «Larry Crowne, nunca es tarde», una «dramedia» de superación personal trufada de toques románticos («es todo un logro que sigan pensando en estos papeles para una cuarentona como yo; ya no puedo pasar por jovencita enamoradiza», confiesa) en la que le da una vuelta de tuerca a su férreo arquetipo cinéfilo, incrustado en la memoria de millones de espectadores: «Interpreto a una profesora universitaria aficionada al tequila y, de hecho, me paso la mitad de la película bebiendo. Ha sido interesante e inquietante a la vez. ¿Por qué Tom habrá pensado en mí para este papel?», bromea.
Sin embargo, en «Larry Crowne», la metáfora de ahogar las amarguras en alcohol funciona menos que la de encontrar, por la vía del flechazo, un nuevo rumbo en la vida cuando los años y los reveses van cayendo a plomo. Una lección que Roberts tiene muy bien aprendida: «De joven era algo así como una tormenta perfecta de inseguridad y autodesconfianza. Ahora me he liberado de esa carga y ya no siento la responsabilidad de ser un icono del cine moderno ni nada por el estilo. Me miro al espejo y veo a una madre de familia que viste camisetas y vaqueros, que se preocupa por el medio ambiente y que cultiva sus propios alimentos con la ayuda de sus hijos». Y sin gota de cirugía plástica ni de pedir favores al director de fotografía. De hecho, su próxima película será una versión de «Blancanieves»... encarnando a la reina malvada, claro. Hola, Julia; adiós, Roberts.






