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Una mansión gigante en medio de un parque natural, con habitaciones temáticas y donde en cada una de ellas hay un concierto o un DJ diferente. Con sala de juegos. Con piscina. Con un escenario de conciertos al aire libre. Con hamburguesas. Y con mucha gente (600 personas). Y con los gallegos Triángulo de Amor Bizarro revolucionando al personal con sus proclamas ultraespañolistas, medio en broma, medio en broma.
Sin duda, la mejor fiesta en casa a la que nunca he acudido, gentileza de la bebida alemana Jagermeister (literalmente, maestro cazador). Con todo pensado para el disfrute de la tropa, y casi todo gratis. Lo primero que daba emoción era desconocer completamente el sitio donde se iba a dar el guateque, algo que tampoco tenía muy claro el autobusero, que se perdió varias veces por las carreteras de la sierra de Madrid hasta llegar finalmente a un lugar «somewhere» cerca de la A-6 o carretera de La Coruña.
El segundo punto excitante de la noche era ver la mansión de marras, un lugar enclavado en plena montaña que disponía de muchas habitaciones decoradas como debe estar una habitación: cada una de su padre y de su madre, como si en cada una de ellas viviera una persona con un espíritu propio. ¿El problema? Como las cosas que había por allí no eran de nadie, los «seguratas» hubieron de estar firmes en algunos casos para intervenir y evitar que, por ejemplo, desapareciera el «atrezzo» de algunas de ellas, o que una pelea de cojines se convirtiera en la batalla de las Termópilas. Daños colaterales, en fin, de toda fiesta que se precie.
El tercer aspecto a reseñar, la gente: 600 personas dan para mucho y entre ellas se encontraban sin duda algunos de los que se consideran a sí mismos los más modernos de Madrid, tal vez incluso de Castilla. El «postureo» imperaba aunque podía ser bien en su faceta «nerd» (copiando los pantalones y gafotas de Steve Urkel), bien en el rollo «pin up» (a lo Betty Boop, solamente apto para ellas, por favor) y por supuesto el rollo gótico-tatuado-anillado. Yo, como soy de pueblo, opté por coger la camiseta más bonita que tenía en el armario.
La fiesta duró hasta altas horas de la madrugada, aunque este periodista y su acompañante tuvieron que huir antes, muy a su pesar. Mi recomendación para Jagermeister el próximo año: háganla en viernes.








