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Ha aparecido Hermann Tilke por la India y eso solo puede significar dos cosas en la Fórmula 1: algún negocio a la vista o el estreno de un circuito. Las estrellas del volante concursan este fin de semana en la nueva criatura del ingeniero alemán, el trazado de Buddh. Es la octava obra en la F-1 del arquitecto de cámara de Bernie Ecclestone, un tipo medio oculto en las sombras del poder que ha logrado una exclusividad multimillonaria. Él y solo él construye las pistas donde vuelan los monoplazas.
La fisonomía de la Fórmula 1 depende de este ingeniero civil, ex piloto de turismos, que porta el título de arquitecto oficial del supremo Bernie y que, en realidad, ejerce como proyectista. Desde que en 1998 levantó el trazado malayo de Sepang (donde murió Simoncelli), convirtió a su empresa —Tilke GmbH Ingenieure and Architekten— en referente. Ha construido también las pistas de Bahréin, Shanghái, Estambul, Valencia (junto al español José Luis Manzanares), Abu Dhabi, Corea y la India.
Y fiel a su cuna germana, Tilke ha popularizado un tipo de circuito unidireccional: grandes escapatorias, largas rectas y potentes frenadas que no penalizan los errores del piloto, sino que le conceden una segunda oportunidad para reintegrarse a la carrera.
Esta concepción única motivada por la química con Ecclestone, los vínculos económicos o vaya usted a saber qué otro tipo de conexiones, ha modificado el contorno de la F-1. Tanto que algunas voces críticas deducen que la falta de adelantamientos —mitigada este año por el alerón trasero móvil— se debe al diseño de Tilke. Esto dice Jackie Stewart, ex piloto y tótem para el poderoso periodismo británico: «Si Tilke variase las curvas para que las escapatorias fuesen modificadas, cambiase la tracción de los coches y el piloto que se fuese de largo pagase su error, algo ganaríamos».
No parece que la recomendación haya surtido efecto en el esquema mental de Tilke, que ya trabaja en los circuitos americanos de Austin y Nueva Jersey, sus próximas conquistas. «Él no se adapta al terreno. La parcela de tierra se tiene que adaptar a lo que él piensa», se escucha por el paddock.«No es imaginativo. Nunca se ven curvas entrelazadas. Eso sí, es un modelo de seguridad», cuenta otra voz que, como todas, prefiere el anonimato en vista de que la F-1 está regentada por los departamentos de prensa de las escuderías y nadie puede hablar sin su consentimiento.
La India estrena escenario y los pilotos no se han prodigado en elogios. Tampoco lo han criticado. Corren en Nueva Delhi y hasta la próxima. Pero Tilke dispone del mejor aval conocido: su amistad, enlace o maridaje con Ecclestone. Eso le permite pasar por encima de los concursos que opositan a construir circuitos. Bernie siempre se los concede a él. Tilke proyecta unos diez millones por cada trazado y luego pide, como al Motorland de Aragón, 22 millones por albergar la Fórmula 1.
El ingeniero, curado ya de espantos, aparentó inquietud en los días previos al corte de la cinta del circuito de la India, que ayer se estrenó con el mejor tiempo de Felipe Massa y el tercer puesto de Alonso. «Siempre estás nervioso. No es una rutina. Pero todo está bien. La pista ha sido aceptada sin ningún problema».







