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Día 14/11/2011
En cemento y bajo techo, casi siempre gana Roger Federer, más aseado que nadie en este tramo final de curso y empeñado en alimentar su palmarés después de una inédita travesía por el desierto que le tuvo diez meses sin sonrisas ni lágrimas. En París-Bercy, justo una semana después de conquistar Basilea, levantó los brazos y acumula 18 Masters 1.000.
En la final se deshizo de Jo-Wilfried Tsonga por 6-1 y 7-6 (3), afinada su raqueta antes de la Copa de Maestros de Londres y muy superior en un arranque efervescente que difuminó al gigante francés. En un año de esfuerzos sobrehumanos por parte de los primeras espadas, Federer evidencia otra vez que gestiona muy bien el calendario y que en cubierto es una bestia. Lleva 16 triunfos consecutivos y cinco de sus seis últimos títulos son en ese escenario. «Todavía me motiva ganar», explica a sus 30 años. Más picante para Londres.







