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| Grupo A | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 |
|---|---|---|---|---|---|
| Ferrer | 6 | 6 | |||
| Djokovic | 3 | 1 |
Sabía Novak Djokovic que David Ferrer no es ningún novato, que no es la quinta raqueta del mundo por casualidad. Sabía el serbio que llegó a la final en 2007 —perdió contra Roger Federer por 6-2, 6-3 y 6-2— y estaba avisado de que no le tenía miedo a nadie. Venció a Andy Murray con soltura en dos sets (6-4 y 7-5) y la confianza llegaba muy alta. Djokovic sabía todo eso, pero lo que no sabía era que un David Ferrer compacto, seguro, finísimo y soberbio se iba a colar en sus pesadillas para hacerle tambalearse hasta la extenuación con un aplastante 6-3 y 6-1. [Así hemos narrado el partido]
Es cierto que el serbio dio muchas ventajas. Regaló 33 errores no forzados. «Ha sido el peor partido de la temporada», sentenció en rueda de prensa. Pero en nada desmerece lo que consiguió el español y cómo lo hizo. Soberbio con todos sus golpes, plantado atrás con autoridad, agresivo cuando correspondía. Todo impulso hacia delante, hacia la victoria, hacia la gloria que lleva trabajándose mucho tiempo.
Y cambió el curso de su historia. Acostumbrados sus rivales a su defensa infinita, el Ferrer de ayer quiso mandar. Lo hizo. Ejecutó su plan como quiso sobre la pista. Derechas escoradas, reveses profundos y certeros, saques ilegibles para el rival. El «pequeño Ferrer» se hizo gigante y acudió a la red para achicar más la pista a un Djokovic que nunca encontró huecos. Tan grande fue el alicantino. Tan merecida su victoria, como su pase a semifinales. Recogiendo la recompensa de los que siembran y esperan su oportunidad.
Supremacía alicantina
Incapaz el serbio de defenderse y de revertir los ataques, se refugió en su saque, pero hasta este le falló en exceso. Imparable con su primero, impotente cuando era el segundo el que entraba. La mirada soberbia y desafiante que regaló durante gran parte de 2011, se tornó gestos de frustración y dolor por los reveses perdidos, los saques errados, la derrota anunciada. «David jugó un gran partido, mereció ganar, pero yo no opuse ninguna resistencia, no funcionó nada. Tantos errores no forzados... realmente no estuve allí», admitió el serbio.
La otra cara, Ferrer, todo felicidad: «Ganar a Djokovic en dos sets es muy difícil, ganarlo de esta manera es casi imposible». Ferrer, todo humildad: «Es normal que se hable más de ellos —Nadal, Djokovic, Murray, Federer— lo ganan todo. Yo no tengo ningún título importante». Ferrer, todo amistad: «Si me enfrento a Nadal —si hoy consigue un buen resultado contra Tsonga (Teledeporte, 21.00 h)— veo muy difícil ganarle. Ha perdido la batalla, pero no la guerra. Va a volver con muchas ganas. Para mí sigue siendo favorito para ganar aquí».
No obstante, la sonrisa tras el partido le delató. Sabía que estaba dándole al vuelta a su historia en la Copa de Maestros. Que no ganó ningún partido ni ningún set en 2010 y que está ganando todo en 2011. Y no ante cualquiera. Murray y Djokovic. Y no de cualquier forma. Seguro, brillante, soberbio. Ferrer ya ha dejado su segundo aviso: quiere ser el maestro.







