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La canciller alemana, Angela Merkel, impuso de nuevo ayer sus tesis y se negó a dar su brazo a torcer para ampliar los cometidos del Banco Central Europeo (BCE), de tal modo que pudiera comprar deuda de los países de la eurozona de manera masiva y aliviar así las tensiones del mercado.
De manera eufemística el presidente francés, Nicolas Sarkozy, declaró tras una entrevista con la canciller y con el recién elegido primer ministro de Italia, Mario Monti, que «hemos decidido conjuntamente respetar la independencia del BCE y abstenernos de hacer peticiones, ni en sentido positivo ni negativo, a esta institución». Detrás de estas palabras, sin embargo, está el reconocimiento implícito de la retirada de la demanda de una mayor intervención del BCE, más que nada para que el país del hexágono pueda salvar la nota de triple A de que aún goza su deuda.
En el terreno de los acuerdos los líderes de las tres mayores economías de Europa declararon que harán todo lo posible para garantizar el futuro del euro, para lo que propondrán cambios en el Tratado de la Unión Europea para mejorar la gobernanza de la eurozona en aras de lograr una mayor integración y convergencia.
Merkel fue más allá incluso al asegurar que «esta revisión de los textos deberá permitir llegar a una mayor unión fiscal», aunque no precisó más. Sobre los traídos y llevados eurobonos, propuestos por la Comisión Europea y apoyados solo por los países más débiles del euro, Merkel reiteró ayer su rechazo con el argumento de que «harían que los diferentes tipos de interés de los países europeos serían nivelados, lo que no sería una buena señal porque enmascararía las disparidades entre las distintas economías».
Sarkozy, por su parte. dio un aviso para navegantes en el sentido de que si se rechaza la reforma del Tratado se acudiría a la vía de los acuerdos intergubernamentales, lo que dejaría fuera en la práctica a los países que no siguieran la tesis de Francia y Alemania. La reunión de ayer, que se desarrolló en Estrasburgo, sirvió para que Sarkozy y Merkel arroparan a Monti públicamente y, por ende, a su plan de ajuste para lograr el equilibrio presupuestario en 2013.
Las negativas de Merkel a los eurobonos y a la mayor intervención del BCE llevaron a la rentabilidad de la deuda italiana a superar, de nuevo, el del 7%, lo que sitúa el diferencial respecto a los bonos alemanes por encima de los 500 puntos básicos pese al repunte de los intereses del «bund».
Más ayuda a los bancos
Mientras, el sector bancario europeo han revelado que el BCE podría estar planeando una fórmula para ayudar al sector financiero, aumentando significativamente el plazo de amortización de sus créditos. El mes que viene va a conceder créditos a 13 meses para los bancos, de manera que no tendrán que contabilizar la amortización en todo el año 2012 y estaría pensando en extender sus préstamos a dos o tres años, de manera que aliviaría la situación de las entidades financieras de países como Italia, España e Irlanda que padecen una evidente falta de liquidez. De este modo, si estos planes se llevasen a efecto, sería un paso cualitativo muy importante en el papel del BCE como último recurso para los bancos en problemas, informa E. Serbeto.







