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Deportes / DIEGO PABLO SIMEONE

El carácter es lo que importa

El «Cholo» entrenador alentó su fama de irreductible desde el mismo día en que debutó en un banquillo: discursos encendidos, gritos desde la banda, vídeos motivadores... Pero la polémica acompaña a la épica

Día 28/12/2011
El carácter es lo que importa
ABC

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Por vía genética, por el entorno en el que se crece, incluso por ósmosis… Los caminos por los que se transmiten las características que influyen en la formación de la personalidad de cada cual son variados; a veces insondables. Pero en el caso de Diego Pablo Simeone está muy claro: aquel temperamento tantas veces reconocido en su carrera futbolística, aquel espíritu aguerrido e indomable que le llevó a ganarse el corazón de los hinchas de cada equipo por el que pasó, le llegó heredado por simple portación de apellido.

Hay que remontarse al primer lustro de los años 60 para comprenderlo. Por entonces, el Boca Juniors era el dominador del fútbol argentino con un equipo de más dientes apretados que talento. Y uno de los mayores exponentes de esa manera algo primitiva de entender el juego era su lateral derecho, Carmelo Simeone, «el Cholo», un jugador de limitaciones técnicas tan enormes como su despliegue físico, y dueño de una contundencia siempre en el límite de la violencia.

Aquel «Cholo» original había comenzado su carrera en el Vélez Sarsfield, por lo que los periodistas argentinos no se esmeraron demasiado para buscarle un apodo a un chaval de 17 años que un día de 1987 debutó en Primera división con la misma camiseta blanca con la «V» azul del equipo del barrio porteño de Villa Luro: le llamaron «el Cholito». Y acertaron. Porque sin que existiera entre ellos parentesco de ningún tipo, el segundo capítulo de un Simeone futbolista respondía a la perfección al recuerdo que se tenía del primero, al menos en cuanto a carácter se refiere. No había duda de que se trataba de una versión algo más refinada, pero la fiereza para pelear cada balón como si fuese el último habría logrado atravesar la barrera generacional.

Se hizo indispensable

Después, el chaval creció, el «Cholito» devino en «Cholo», y fue labrando su carrera a base de épica, de corazón, de esfuerzo (también de polémicas: el pisotón a Julen Guerrero en Bilbao, las provocaciones a Beckham en el Mundial de Francia o a Romario en un Sevilla-Barcelona, el nunca del todo aclarado «affaire» con Caminero en el Atlético…). Se hizo indispensable en el Sevilla, en el Atlético, en la Lazio, en la selección argentina. No importaba su ductilidad con la pelota sino su carácter: agresivo, temperamental, «ganador».

La pregunta ahora es: ¿qué heredó de todo aquello el Simeone que cruzó la línea de cal para ser campeón con Estudiantes y River, pero también para quedar último con el mismo River o fracasar en San Lorenzo? Y la respuesta apunta: bastante, para lo bueno y para lo malo.

«El Cholo» entrenador buscó alentar su fama de irreductible desde el mismo día que dejó de jugar para sentarse en el banquillo de su querido Racing de Avellaneda. Lo hizo a través de discursos encendidos, de gritos desde la banda, de vídeos motivadores antes de los partidos decisivos, un ítem que comenzó a poner en práctica mucho antes que Pep Guardiola llegase al primer equipo del Barça.

Técnico con personalidad

Pero como es imposible desdoblar una personalidad —salvo esquizofrenia mediante—, el Simeone director técnico siguió alentado polémicas a través de decisiones y gustos no siempre bien entendidos. De su etapa en River permanece en la memoria el hecho de haber sido el primero en separar del equipo al máximo ídolo del club en los últimos años y ex compañero de la albiceleste, Ariel Ortega, por sus problemas con el alcohol. De sus pasos por Estudiantes y Racing se recuerdan sus salidas a destiempo, sin acabar el contrato, para firmar por otro club (River y el Atlético, respectivamente) pocos días más tarde, lo que le valió en el primer caso un velado enfrentamiento con Juan Sebastián Verón, su antiguo compadre en Lazio y la selección.

De sus gustos extrafutbolísticos se tiene en cuenta el extremo cuidado que brinda a su propia imagen, hasta el punto de haber sido durante mucho tiempo un habitual en el papel cuché de las revistas argentinas del corazón.

Como se ve, salvo en algunos detalles «el Cholo» que regresa al Atlético de Madrid no difiere sustancialmente del que se marchó en 2005. En realidad, era imposible suponer lo contrario: lleva la marca grabada en el apellido.

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