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El carisma de Diego Simeone ha impulsado la ilusión de los atléticos, siempre propensos a la montaña rusa en cuanto al ánimo se refiere. Con apenas dos días en Madrid (hoy comienza a entrenar en el Vicente Calderón —18.30 y con la puerta abierta para los aficionados—), el entrenador argentino ha esparcido un ideario repleto de valores en desuso por la ribera del río. Confianza, exigencia, identidad, orgullo, hechos y no palabras. Al primer vistazo, da la impresión que la Liga recibe a otro tótem del banquillo. Un tipo que llena la escena con una personalidad apabullante, como Guardiola y Mourinho. Simeone afronta el desafío desde otra perspectiva (a diez puntos de la Champions y cuatro por encima del descenso). Y en el equipaje transporta siete retos.
1. Confianza ante la depresión. La desconfianza es un problema endémico del Atlético, tan tendente siempre al apelativo que nació en la final de la Copa de Europa de 1974, el Pupas. Simeone ha trasladado otro tipo de recados con un trasfondo más optimista respecto a Gregorio Manzano. Nada más llegar ha recordado los «muchos éxitos recientes del club, como la Europa League o la Supercopa ante el Inter en Mónaco». Ha hablado de una plantilla capacitada con grandes jugadores, con especial mención a Falcao, Diego, Adrián o Arda, aunque dejando siempre muy claro que la confección se realizó en julio y él no intervino en nada.
2. Exigencia a la plantilla. Dijo Cholo Simeone en ABC Punto Radio que «siempre me sentí incómodo allí donde se vive fácilmente». Confianza a sus jugadores, pero también máxima exigencia. Un resorte que lleva mucho tiempo sin activarse en el club. El técnico considera que los jugadores solo han ofrecido un porcentaje escaso del rendimiento que pueden mostrar. «Hay que sacar todo lo que cada uno lleva dentro». Como jugador, Simeone exprimió hasta el límite unas cortas cualidades técnicas, pero se hizo indiscutible por su carácter. El primer caso que encara es Reyes. El jugador tiene la cabeza más en Sevilla que en Madrid y lo normal es que regrese a su antiguo club. El entrenador quería saber de primera mano si el jugador quiere seguir en el Atlético y, como lo probable es que no lo haga, el recambio está preparado: el «Principito» Sosa.
3. Entender la historia del club. Su primer mensaje consistió en restablecer el sentido de pertenencia a un club con una identidad concreta. «Lo más lindo es entender dónde estás. Y a partir de ahí, rendirás bien», explicó. De los últimos diez entrenadores del Atlético, solo dos dieron con la tecla que establecía conexión directa con la grada: Luis Aragonés y Quique Sánchez Flores. Simeone insiste en la necesidad de que los actuales jugadores conozcan la historia del club, el perfil de sus ídolos, la idiosincrasia de sus afiliados o el contenido social de la institución.
4. Hechos y no palabras. Se expresa con la propiedad habitual de los argentinos, pero asegura que no le gusta hablar. «Nunca me gustaron las fantasías ni hacer cálculos sobre probabilidades de futuro. Me gusta el presente. Y los hechos más que las palabras». A Simeone se le criticó su propensión al juego al límite de la legalidad cuando era futbolista, pero jamás su compromiso con la profesión. En el Atlético pretende restaurar la ética del trabajo. La intensidad en los entrenamientos y en los partidos es fundamental para él.
5. Fútbol veloz.Desde Argentina se asegura que entrena como jugaba. Ritmo vertiginoso, aceleración del juego, contragolpe y todos los matices futboleros que tienen que ver con la velocidad. La confección de la plantilla no ayuda a sus pretensiones, al menos por lo que respecta al equipo que alineaba Manzano. Mario Suárez, Gabi, Diego o Arda no son futbolistas rápidos, aunque algunos sí piensan con celeridad y se anticipan al adversario. Los delanteros sí son veloces (Falcao, Adrián, Salvio, Pizzi) y también algunos inquilinos de las bandas (Filipe Luis y Juanfran).
6. La portería, a cero. Simeone participa de una idea bastante común entre los entrenadores modernos: las victorias llegan a partir de una portería a cero. El mensaje que emitió en su presentación tiene que ver con esa actitud: «Quiero un equipo aguerrido, agresivo, fuerte, contragolpeador, veloz... Todo lo que nos llevó a identificarnos con esta camiseta». Su sistema de juego suele incluir dos centrocampistas de corte defensivo en un dibujo de 4-2-3-1 y dos volantes muy abiertos por los lados.
7. Margen para la afición. Simeone jugó en el Atlético en dos etapas, de 1994 a 1997 y de 2003 a 2005, y la grada del Vicente Calderón lo adoptó como uno de los suyos. «Ole, ole, ole, Cholo Simeone» ha sido uno de los cánticos recurrentes durante años en el estadio. Nada más llegar, el suramericano ha concedido su espacio a la afición en la convivencia del Atlético. «Marcará su lugar y nos animará, pero tenemos que ser nosotros los que demos motivos para que sientan la pasión», dijo en ABC Punto Radio. A fin de cuentas, los resultados decidirán si siguen cantando o entonan el demoledor «vete ya».






