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El escenario está repleto de gente. Unos entran, otros salen, cruzan por medio, pero en el borde de la escena, donde luego se situará la orquesta, los cantantes observan lo que pasa sentados en las sillas de ensayo. Teatro de la Maestranza. Son las ocho de la tarde, pero los ensayos acaban a las once de la noche.
En el escenario maestrante una situación poco común: se habla español. Y es que lo normal en estos casos es el cruce incensante de idiomas: italiano, francés, español, inglés, y con alguno ruso a través de intérprete. En esta ensayo el carácter nacional de la obra, la zarzuela «Luisa Fernanda», no lleva a entender todos los chascarrillos, las bromas e incluso algún que otro «taco», aunque los cantantes de ópera tienen fama de educados, al menos eso dice el manual no escrito de este mundillo.
En el coro las mujeres comentan el tema de «las sombrillas». «Ya no sabemos cómo abrirlas para que no nos peguen pellizcos. Hay que cantar, mover la sombrilla, hacerse con el traje... No es fácil, son demasiadas puntás», afirman, y hay pocos días para aprenderse los movimientos..
«Esto es como el día de la marmota», comenta Luis Olmos, el director de escena, con su amplia sonrisa. Y es que en esta zarzuela hay dos elencos, y cada uno debe hacer una y otra vez el mismo movimiento.
Olmos se levanta para dirigir al barítono onubense Juan Jesús Rodríguez. «La zarzuela sigue estando minusvalorada, y no tienen razón —afirma el cantante—. A veces hay quien te pregunta ¿cómo es que cantas zarzuela?, como si fueras a rebajarte porque haces ópera. Nada más lejos de la realidad. Aquí hay que cantar, hablar e incluso bailar en ocasiones y la música de muchas zarzuelas no tiene nada que envidar a la ópera», dice.
Olmos cree que el cantante de zarzuela cada día está más preparado, «sí les pido mucho, porque esto es un espectáculo importante y total. Aquí hay drama, risas, lágrimas, bromas, ironía, y todo eso hay que transmitirlo. Hasta política, hay».
Para elegir el elenco se hacen audiciones, «claro lo importante es que pueda cantar», pero confiesa que a veces se ha encontrado con buenos cantantes, «que son actores imposibles, lamentablemente, y contra eso... Por fortuna, la gente joven viene muy preparada, tanto física como actoralmente», comenta Olmos, quien ha sido director del Teatro de la Zarzuela de Madrid durante varios años.
Cantar aplastado. El escenario sigue plagado de voces, «¿repetimos? Maestro por favor...». Para las voces lo peor es cantar de lado, «la voz no se proyecta, o boca abajo, que también pasa y tienes el diafragma aplastado», afirma uno de los tenores.
Esta zar uela se ha montado en Sevilla en un tiempo récord, «sólo hemos tenido cinco días. Menos mal que todos nos conocemos y que reina la armonía», algo a lo que se une el elenco, «esto es como “Gran Hermano” pero en bueno», dice César Sanmartín, «todos nos echamos una mano, no es lo mismo trabajar con gente con la que conectas que con desconocidos. La química se nota y el espectador lo percibe», afirman. Cuando el trabajo se terminan se van junto a comer. La familia que canta unida, permanece unida.







