El potencial que esconden las almazaras y que impulsa la circularidad oleícola
La Sociedad Cooperativa Andaluza de segundo grado, Sufeco, lidera el grupo operativo de innovación que podría suponer un giro de 180º para el suelo del olivar mediterráneo
En un contexto actual en el que «las almazaras se encuentran con la necesidad de mantener y ampliar grandes balsas de evaporación», según profesionales del centro Alameda del Obispo del Instituto de Investigación y Formación Agraria y Pesquera de Andalucía, IFAPA, la procedencia del residuo de masas desecadas determina la presencia de compuestos orgánicos y elementos fertilizantes, que pueden reutilizarse en mejorar los suelos de los olivares.
Sin obviar los problemas de autorizaciones de dichas balsas de evaporación natural y su sujeción a «un importante rigor administrativo, este proceso ayudaría al sector oleícola a poseer una economía de mayor circularidad». Es aquí donde entra en juego el proyecto llevado a cabo en el marco de un grupo operativo andaluz formado por Sufeco S. Coop. And., Cooperativas Agroalimentarias de Andalucía, Suministros y Servicios del Grupo Federado S. Coop. And. (SSER) e IFAPA.
En suma, el proyecto «aborda una serie de acciones para convertir el residuo que suponen las masas desecadas» en un recurso revalorizado, generando «la información necesaria que permita a los olivicultores su aplicación como abono orgánico y su regularización por la Administración».

Ubicada en Córdoba, Sufeco es una cooperativa de segundo grado constituida para actuar como central de compras de sus Entidades-Socias, las cuales no tienen la obligación de adquirir los productos a través de ella puesto que no existe exclusividad. Manuel Camargo, gerente de Sufeco, explica que entienden que la exclusividad se gana poco a poco desde el trabajo bien hecho, con dos pilares como base, «buen servicio técnico y productos a calidad-precio». Ambos pilares determinan la relación de reciprocidad entre todas ellas.
Esta cooperativa, con la innovación por bandera, junto con la participación de las entidades ya mencionadas, lidera al grupo operativo que, según cooperativas agroalimentarias de Andalucía, valora los beneficios agronómicos y medioambientales del reciclado de esas masas desecadas de balsas de almazara en suelos del olivar.
Este proyecto, «puede servir de paradigma al conjunto de olivicultores andaluces». De modo que, «desde el punto de vista técnico, económico y ambiental, el esparcimiento de estas masas desecadas procedentes de almazara en suelos agrícolas, resulta absolutamente viable, tanto en el contexto agronómico como en el actual marco legal fijado en la Política Agraria Común, dado el escaso contenido en materia orgánica de los suelos mediterráneos».
Fertilizante es igual a nutriente
Pero qué productos y servicios otorgan dicha exclusividad a Sufeco. Formada por un total de 56 cooperativas de base, Sufeco presta servicios de suministro de productos fitosanitarios y fertilizantes, servicio técnico, carburantes o Equipos de Protección Individual (EPIs) para cualquier trabajo agrícola.
Constituida en 1995, y comenzadas sus andaduras en este año, no es hasta 2001 cuando se inicia su comercialización desde cero. La entidad matriz se desdobla y se conforma su actual estructura como cooperativa andaluza. Desde entonces, los términos crecimiento e innovación acompañan a Sufeco, elevando vertiginosamente el número de asociados y de putos de venta.

«Siendo las Cooperativas de Jaén y Córdoba las más representativas», también son destacables para su crecimiento las provincias de Sevilla, Cádiz, Ciudad Real o Badajoz, hecho que «ha favorecido el volumen de ventas y la acumulación de recursos derivados del cierre positivo de sucesivos ejercicios económicos», apunta Camargo.
No obstante, según Manuel Camargo, en la historia de este proyecto empresarial no se puede omitir «el gran apoyo que Sufeco ha obtenido en todo momento de la Sección de Córdoba de Cooperativas Agroalimentarias de Andalucía».
Satisfechos de la actividad de esta cooperativa de suministros y servicios, es el gerente de la misma quien enumera los pilares que han determinado su éxito, «calidad, seguridad y variedad». De esta manera, el equipo técnico «ofrece un servicio integral y adaptado a cada cooperativa», además de trabajar con «proveedores de larga trayectoria en el sector» o con marcas propias en su catálogo. Otra de sus máximas tiene que ver con «la diversidad de productos y servicios para satisfacer cualquier necesidad» que pueda darse.
Un dato a destacar por la propia entidad es la responsabilidad para con la distribución de sus productos, «contando con una logística eficiente para garantizar la entrega en la mayor brevedad posible». Ante una legislación tan cambiante en el ámbito de los fitosanitarios, Sufeco «se mantiene constantemente actualizada ante cualquier cambio de normativa», y frente a cualquier eventualidad posible «el equipo técnico priorizará la solución», indica su gerente.

Circularidad en el sector oleícola
El proyecto, «Valorización y reciclado de masas desecadas de balsas de almazara en suelos de olivar: Beneficios Agronómicos y Medioambientales», del que participan los profesionales Manuel Moreno García, Rafaela Ordóñez Fernández, Elvira Zurita Sánchez, Miguel Ángel Repullo Ruibérriz de Torres, Francisco Pérez Serrano y Rosa María Carbonell Bojollo, tiene como objetivo fundamental «conocer con mayor precisión los beneficios y limitaciones agrícolas, ambientales y de gestión a medio plazo de la reutilización de las masas desecadas como enmienda orgánica».
La justificación del proyecto según este grupo operativo tiene que ver con las condiciones de sostenibilidad que la actividad agraria requiere actualmente y la presión de las administraciones por la eliminación o reducción de los residuos generados en la agroindustria, «cuyo tratamiento es costoso para las empresas y arriesgado para el medio ambiente».
Además, un aspecto favorable al estudio de masas desecadas es «la procedencia del residuo», que en este caso proviene de la industria oleícola, cuya composición «implica una elevada carga orgánica», o lo que es lo mismo, «elementos fertilizantes», como es el potasio, del que precisamente «es muy demandante el olivar» y, por el contrario, «escasos elementos tóxicos o contaminantes».
Implantación de los campos de ensayo
Tal y como expone este grupo operativo de innovación, la viabilidad de eliminación de este residuo como beneficio potencial para el suelo agrícola, así como las condiciones de su esparcimiento en aras de potenciar sus efectos positivos y evitar los negativos y, sobre todo, la información necesaria para agricultores técnicos y administración, se desarrollará a través de una serie de objetivos. Tales objetivos relacionados con una serie de prácticas y estudios que determinen su máxima efectividad.
En cuanto al primer paso, «caracterización de las masas desecadas», son 11 las almazaras que han colaborado, localizadas en las provincias de Jaén y Córdoba. Ya el pasado verano, en el año 2022, se realizó una «intensa prospección de los lodos almacenados en diferentes almazaras» situadas en campiñas de ambas provincias. Recogiéndose muestras para su análisis y caracterización en el laboratorio.

Según el grupo operativo, fueron los lodos procedentes de la almazara de Portichuelo de Baena, Córdoba, aquellos seleccionados para su aplicación en los olivares que servirán de campos de ensayo. El motivo de esta elección es su particular composición. Un «elevado porcentaje de materia orgánica, baja humedad y un contenido medio de nitrógeno orgánico», además de la estratégica situación geográfica de dicha almazara para los ensayos del proyecto.
Sin embargo, no será hasta el final del proyecto, en el verano del próximo año, cuando se esperan obtener resultados. Actualmente y, según manifiestan los integrantes de este grupo operativo de innovación liderado por Sufeco y con la participación de Cooperativas Agroalimentarias de Andalucía, entre otras entidades, «los tratamientos en los campos de ensayo», ya se han establecido.
El próximo paso se está dando ahora y consiste en «evaluar los diferentes indicadores agronómicos y medioambientales que van a permitir valorar la capacidad de las masas desecadas como enmienda agrícola de suelos». Indicadores como las características del «suelo y sus indicadores de salud, el propio árbol o estudios de mitigación del cambio climático», entre otros, determinarán el resultado del proyecto.
El impulso: el motor de la evolución
La adopción de la economía circular en el sector oleícola no solo puede tener beneficios ambientales, como la reducción de la contaminación y la conservación de recursos, sino que también puede generar oportunidades económicas al fomentar la innovación, la creación de empleo en nuevas áreas, como el reciclaje y la valorización de subproductos, además de la mejora de la eficiencia operativa en toda la cadena de valor. Sin embargo, es importante reconocer que la transición hacia una economía circular puede requerir inversiones iniciales, cambios en las prácticas comerciales y una colaboración estrecha entre todos los actores involucrados en el sector.
Este grupo operativo de innovación encargado del proyecto acerca de las masas desecadas de almazara comparte su reafirmación en que la economía circular de base biológica «sigue ofreciendo un potencial casi sin explotar para los agricultores y sus cooperativas». De este modo, se basan en una realidad latente y, «gestionando residuos que pueden convertirse en recursos», se constituye «una buena herramienta para favorecer una transición hacia modelos de bioeconomía circular en el sector agrario».
Con el desarrollo de este proyecto, se pretende demostrar que la valorización de este residuo es viable en Andalucía. Éste supone una vía para obtener unos resultados que podrían marcar un antes y un después en cualquier zona olivarera con clima mediterráneo.