Cooperativa La Palma: la apuesta por la innovación da sus frutos en Granada
Especializada en tomates cherry y minivegetales, la mayor parte de su producción va al mercado internacional, aunque la tendencia está cambiando en los últimos años y cada vez vende más en España
Para Pedro Ruiz, los premios más importantes no son los que conllevan una recompensa económica o los que hacen ganar prestigio entre los compañeros de profesión. «Lo que verdaderamente disfruto es el poder degustar un tomate de los buenos de verdad, de esos redonditos y pequeños que te recuerdan a los que te comías cuando eras pequeño, que eran perfectos. Y de esos tenemos».
Ruiz es el presidente de La Palma, una cooperativa agrícola granadina fundada en 1973 y que recientemente ha sigo galardonada por la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía en los XIX Premios de Agricultura y Pesca, en concreto en la modalidad de Iniciativa Innovadora, un entorchado que acredita que la empresa está en racha, porque el Instituto Europeo de Sostenibilidad y Gestión, en el que participan cinco universidades andaluzas, también premió su labor profesional.
La Palma siempre ha funcionado como cooperativa y sus más de 700 agricultores asociados trabajan en casi en todos los puntos de la provincia, aunque con mayor incidencia en la Costa Tropical. También, desde 1996, se funciona con más intensidad en el norte, en la zona de Zújar sobre todo, para garantizar la producción durante los meses de verano.
Aunque en el mundo agrícola casi nadie gusta de lanzar las campanas al vuelo, en La Palma admiten que las cosas funcionan razonablemente bien. Su facturación anual ronda los 170 millones de euros y el tiempo y el buen hacer ha convertido a la cooperativa en uno de los referentes nacionales en productos como los frutos tropicales –que para eso están en la zona más indicada- y también en los minivegetales, categoría que abarca el pepino de cocktail y varios tipos de tomates cherry.
Ventas internacionales
De hecho, Pedro Ruiz señala que en los últimos años se está invirtiendo lo que era la tendencia habitual: «Hasta hace poco, entre el 80 y el 90 por ciento de nuestra producción de tomate, pepino, pimientos y otros cultivos tenía como destino el mercado internacional. Eran y son productos muy apreciados fuera, pero ahora estamos vendiendo más que antes en España y se podría decir que, aunque nuestro principal mercado es exterior, ahora entre el 20 y el 25 por ciento de nuestras ventas son nacionales».

Sostenibilidad e innovación. Son las dos banderas que enarbola La Palma, y con ellas, según se comprueba con premios y distinciones, están consiguiendo eso que todas las empresas buscan: un sello de identidad que les permita distinguirse y ser reconocidos y reconocibles. «Innovamos sobre todo en la inversión en material genético, en las semillas. Buscamos un producto diferente y único», enfatiza Pedro Ruiz, que recuerda una de las recompensas de esa búsqueda: «En el año 2022 nos premiaron en Alemania por presentar el mejor tomate del mundo».
No desprecian la ayuda que pueda venir de fuera, sino todo lo contrario; si es para aprender, resulta bienvenida. Por eso en La Palma vieron con muy buenos ojos que agricultores japoneses especializados en tomates pequeños –como los cherrys ya mencionados- les enseñaran a producirlos. Los resultados son de todos los colores, nunca mejor dicho: cherry de pera naranja, amarillo, rojo, marfil, seco, peppermato, fresa…
Huella hídrica
En cuanto a la sostenibilidad, la constante es reducir al máximo la huella hídrica. Dicho de otro modo: que no se pierda ni una gota, aprovechar el agua casi al cien por cien. Eso, unido a investigaciones en las tareas de envolver los productos –lo que ahora, con la moda de los anglicismos, casi todos llaman packaging- y en general en toda la cadena de producción, garantiza un gasto energético considerable.
Otros productos
Lo de que no se pierda nada también tiene otra aplicación, que el presidente de la cooperativa explica muy gráficamente: «Si el consumidor ve en el supermercado un tomate con una mancha, es bastante probable que no lo compre, aunque en realidad puede estar tan bueno como cualquier otro. Pero para evitar eso, ese tomate no viaja, no lo vendemos. Eso no quiere decir que lo desaprovechemos, porque lo usamos para hacer gazpacho, salmorejo, nuggets…», enumera, para añadir que ese mismo empeño en ahorrar también se utiliza en las técnicas de fumigación. «Creamos bacterias para que se pueda hacer a menor coste», finaliza.