Los inversores apuestan por el campo: la compra de terrenos en Andalucía crece un 29% en cuatro años
El crecimiento mensual a nivel nacional, casi un 15%, representa el mejor dato en quince años, según la plataforma Cocampo
El mercado del suelo rústico vive un ‘boom’ inversor, con 16.378 propiedades vendidas el pasado mes de marzo, lo que representa el mejor dato en quince años y un crecimiento mensual del 14,9%.
Según datos desvelados por la plataforma Cocampo, el mayor número de operaciones de compraventa de fincas rústicas se dieron ese mes (el último que ha contabilizado el Instituto Nacional de Estadística, INE) en Castilla y León (2.637), Andalucía (2.532) y Comunidad Valenciana (2.259).
Si se observa la evolución en un plazo más amplio (2018-2022), en las regiones donde se ha registrado un crecimiento mayor del número de operaciones en estos cinco años han sido: Canarias (+78,53%), País Vasco (+75,41%), Valencia (64,9%) y Baleares (+48,38%).
En Andalucía, la compraventa de fincas rústicas ha crecido un 28,99% respecto a 2018.

Motor económico
«Desde Cocampo observamos como el sector agrícola en general, y la revalorización de los terrenos rústicos está actuando como motor económico en comunidades tradicionalmente con menos actividad inversora como Andalucía que es, junto con Castilla-La Mancha, donde se están produciendo en los últimos meses un mayor número de compraventas», explica Regino Coca, fundador y CEO de Cocampo.
¿Cómo son los compradores?
En cuanto a los perfiles de los compradores, el fundador de la plataforma inmobiliaria señala que existe un triple perfil: aquellos que buscan una propiedad como inversión para diversificar su patrimonio; quienes compran para incrementar su actual actividad agrícola o ganadera; y, en tercer lugar, aquellos que lo hacen buscando un cambio de vida, incluyendo iniciarse en la actividad agrícola o ganadera.
En Cocampo también resumen los cinco principales trámites a la hora de adquirir un terreno: asegurarse de la titularidad registral, hacer un contrato de arras, comprobar si la descripción que figura en el Registro coincide con la realidad; firmar el contrato de compraventa y elevarlo a público y, por último, inscribir la finca en el Registro de la Propiedad.