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Campo inundado por las lluvias / ABC
Precipitaciones

Las lluvias alivian la sequía en Andalucía, pero plantean retos en la gestión del agua

Las intensas lluvias han permitido la recuperación de los embalses andaluces, pero también han generado inundaciones y desafíos en la gestión del agua

24/03/2025 Actualizado a las 10:34

Las intensas lluvias registradas en Andalucía en las últimas semanas han supuesto un cambio radical en el panorama hídrico de la región. Tras años de una sequía persistente que había llevado los embalses a niveles críticos, la gran cantidad de agua caída ha permitido una recuperación significativa de las reservas. Sin embargo, aunque este alivio es una buena noticia para agricultores, ganaderos y consumidores, también plantea nuevos desafíos en cuanto a la gestión eficiente de este recurso.

Los embalses andaluces han aumentado su capacidad de manera notable, en algunos casos duplicando su nivel respecto a meses anteriores. Esta recarga de agua no solo garantiza el abastecimiento urbano a corto y medio plazo, sino que también abre la puerta a la posibilidad de ampliar las dotaciones de riego para el sector agrícola. «Estamos ante una oportunidad para mitigar los efectos de la sequía, pero también ante el reto de gestionar bien este recurso para que no se desperdicie», ha afirmado Eduardo Martín, representante de Asaja en Andalucía. Según el portavoz, es fundamental mejorar las infraestructuras de almacenamiento y distribución para evitar que una parte de este recurso termine evaporándose o perdiéndose en el mar.

Inundaciones y gestión del agua

Sin embargo, las precipitaciones también han tenido efectos negativos. En algunas zonas, la cantidad de agua caída ha provocado inundaciones y el anegamiento de terrenos agrícolas, lo que pone en riesgo la recuperación de ciertas explotaciones. Martín ha señalado que una mejor planificación hídrica habría permitido minimizar estos daños, ya que muchas de las infraestructuras existentes no están preparadas para canalizar grandes volúmenes de agua en poco tiempo. Además, ha insistido en la necesidad de que las administraciones faciliten ayudas y agilicen los trámites para los agricultores y ganaderos que han sufrido pérdidas debido a estas inundaciones.

Uno de los principales retos es cómo distribuir y aprovechar toda esta agua de manera eficiente. En este sentido, los expertos advierten que, aunque los embalses han aumentado sus reservas, Andalucía sigue enfrentando un problema estructural con la gestión del agua. La modernización de los sistemas de riego, la mejora de los canales de distribución y la inversión en nuevas tecnologías para optimizar el uso del recurso siguen siendo asignaturas pendientes.

Impacto en la agricultura y ganadería

El sector agrícola es uno de los más beneficiados por la recuperación de los embalses, pero también uno de los más afectados por las inundaciones. En algunas áreas, los cultivos han quedado bajo el agua, lo que genera incertidumbre sobre su viabilidad. Sin embargo, en el caso de los cultivos de secano, la recarga de acuíferos y la humedad en los suelos favorecerán las próximas cosechas.

Para la ganadería, el temporal ha supuesto un respiro. La mejora de los pastos reducirá los costes de alimentación para los ganaderos, que han sufrido en los últimos años el impacto de la escasez de agua y forraje. Además, la recuperación de fuentes naturales y manantiales garantizará el suministro de agua al ganado sin necesidad de recurrir a transporte de emergencia, lo que representa un ahorro significativo para el sector.

Reclamos del sector agrario y medidas futuras

Desde Asaja han insistido en la importancia de que los agricultores y ganaderos registren los daños ocasionados por las lluvias en la aplicación DECAL (Datos Climáticos Adversos Locales), habilitada por la Consejería de Agricultura de la Junta de Andalucía. Esta herramienta permitirá evaluar con mayor precisión el impacto del temporal y facilitará la tramitación de posibles ayudas.

A pesar del alivio que han supuesto estas lluvias, los expertos subrayan que Andalucía no puede depender únicamente de episodios de precipitaciones intensas para garantizar su abastecimiento hídrico. Se requieren políticas de gestión a largo plazo que incluyan la construcción de nuevas infraestructuras de almacenamiento, la mejora en la eficiencia del riego y el impulso de proyectos de reutilización y desalación de agua.

El impacto de las lluvias sobre la calidad del agua en embalses y acuíferos también será un aspecto a vigilar en los próximos meses. El arrastre de sedimentos y residuos podría comprometer su potabilidad y dificultar su uso para el riego y el consumo humano. Por ello, será necesario implementar planes de vigilancia y saneamiento para garantizar un aprovechamiento óptimo de los recursos hídricos.

Un respiro, pero no el fin del problema

A pesar de los desafíos que deja este episodio de lluvias, la conclusión es clara: el agua caída ha supuesto un alivio para la sequía y una oportunidad para reforzar la planificación hídrica en la comunidad. Ahora, el reto será gestionar este recurso de manera eficiente para garantizar su aprovechamiento a largo plazo y evitar que futuras sequías vuelvan a poner en jaque a la agricultura, la ganadería y el abastecimiento urbano en Andalucía.

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