María Morales: «El campo ya no es trabajar de sol a sol, debemos hacerlo atractivo para los jóvenes»
María Morales estrena la presidencia de Asaja Sevilla con el agua y la falta de mano de obra como grandes retos en el horizonte
María Morales se ha convertido, tras la despedida de Ricardo Serra, en la primera mujer en presidir Asaja Sevilla, la organización agraria más representativa de la provincia. Se define a sí misma como «hija y nieta de agricultores», y puede que no haya una frase que la califique mejor, pues lleva la defensa al campo por «en su columna vertebral», como bromea. Fundadora y presidenta de la Sociedad Agrícola de Transformación Citrus Nostrum, en 2022 recibió el Premio Simón de Rojas Clemente como reconocimiento a su contribución al sector agrario andaluz. Titulada en Económicas y con un máster en comercio exterior, lleva casi dos décadas al frente de dos explotaciones pertenecientes a su familia.
—Llega a la presidencia de Asaja Sevilla en un momento complicado, con la UE hablando de la nueva PAC, sin lluvias, costes por las nubes…
—En general, el sector agrario siempre ha estado en movimiento y «en crisis», así que no me preocupa demasiado. Sí tendremos que trabajar mucho ahora que ya se está hablando de la PAC post 2027, donde el presupuesto que se destine a ella es importantísimo. Sí percibimos que, nos han asfixiado tanto, y gracias a nuestras protestas, que ahora nos están escuchando más, lo que es un primer paso. Nos queda mucho por hacer, se sigue legislando desde las oficinas, los dirigentes no conocen para nada la realidad del campo.
—¿Será el agua uno de los principales caballos de batalla de su equipo?
—Sin duda. Y no logro entender por qué proyectos ya aprobados no se ejecutan. Con solo construir balsas que se llenasen con las escorrentías tendríamos gran parte del camino recorrido. Llovió en Semana Santa y parece que ya no tenemos problemas, pero no es así. Como no llueva pronto, vamos a tener un año muy complicado, como pasa en otras zonas de Andalucía como Almería o Málaga. ¿Por qué nos cerramos a alternativas como las desaladoras en el interior de la región? En Sevilla tenemos técnicos fantásticos, y convertir terrenos que son de secano en regadío revalorizaría muchísimo las explotaciones de la provincia. Necesitamos políticos responsables, que pongan el agua como prioridad y ejecuten las obras hidráulicas necesarias, aun sabiendo que en cuatro años no estarán acabadas y el mérito se lo llevará otro. Lo importante es que el campo salga adelante.
—A principios de año, el sector se echó a la calle para protestar por la grave crisis que vivía. ¿Ha cambiado algo desde aquel momento?
—Las lluvias de primavera nos dieron un respiro en cuanto a producciones se refiere, pero todo lo demás sigue exactamente igual: costes por las nubes, déficit hídrico, trabas administrativas por todos lados, una corriente medio ambientalista que a nosotros nos parece estupenda, pero que no puede priorizarse a costa de nuestra sostenibilidad económica y, desde hace un tiempo, un problema que nos preocupa mucho: la cada vez más escasa mano de obra.
—¿Por qué se ha dado esa falta de trabajadores en el campo?
—Es un problema complejo. este año en la recolección ya sido clave, y lo será en los cítricos. No se va a recoger alguna fruta por falta de recolectores, las podas se alejan en el tiempo, y por falta de trabajadores, se hacen mucho después de cuando son necesarias… Es muy grave, y creo que gran parte de culpa la tiene el hecho de no se está haciendo atractivo el sector agrario a los jóvenes, ni a los no tan jóvenes. Tenemos que conseguir que el trabajador se implique en el proyecto de la finca, como se hace en otros sectores económicos. Y, por otro lado, saber transmitirle a los jóvenes que la agricultura no es estar de sol a sol en el campo. Hay mucho trabajo en oficina, el sector agrario moderno también son tractores prácticamente autónomos, drones, big data, inteligencia artificial… Esto tiene que transmitirse, para que se vea que es una salida profesional muy válida y que tiene, aún, un potencial tremendo por desarrollar.

—Sevilla es una provincia muy ecléctica en el ámbito agrario, con gran representatividad de cultivos, ganadería…¿Se ha preparado para poder ‘abarcar’ todos los sectores?
—Yo soy citricultora, pero en nuestras fincas también tenemos algodón, almendro, girasol, trigo… sí es cierto que soy más agricultora que ganadera, por eso en mi equipo, como vicepresidente, está José Miguel Martín, que gestiona una finca ganadera, y olivarera, en la Sierra Norte, donde la ganadería es un sector clave. También está conmigo Manuel Altava, agricultor de frutales de hueso y otros cultivos.
—Ricardo Serra decía hace unos días que la sociedad ya no valora el trabajo en el campo, ¿tiene marcha atrás esa deriva?
—Tiene que tenerla, para poder salir adelante es necesario que sector agrario y ciudadanía estén unidos. Se nos valoró y aplaudió mucho en la pandemia, y parece que todo eso se ha olvidado. Vivimos en una sociedad en la que se cree que la comida va a ser eterna y asequible, y nada más lejos de la realidad. Por otro lado, es especialmente grave la situación de la ganadería, que se ha desprestigiado y atacado desde los poderes públicos sin parar en los últimos años. Tenemos que reivindicar la calidad de lo que hacemos, porque nos resulta cada vez más difícil, y eso la gente no lo valora. Hacemos malabarismos para sacar al mercado fruta sana y limpia de plagas, teniendo en cuenta que cada vez nos dejan usar menos materias primas, prácticamente inocuas, para poder combatirlas. Mientras tanto, vemos que nuestra fruta comparte lineal con fruta procedente de terceros países, con todo tipo de pesticidas. Me gustaría que los responsables políticos de la UE se sentasen con nosotros y nos explicasen porqué dejan entrar cereales, frutales de hueso, cítricos, oleaginosas y todo tipo de productos que se han producido usando todo tipo de materias, mientras a nosotros nos hacen la vida «imposible».